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EN LOS LIMITES DE LA REALIDAD

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martes, 21 de mayo de 2013

Manuel Núñez Nava - El árbol de la vida


 Manuel Núñez Nava 
      El árbol de la vida

      En la milenaria tradición cabalística, el Árbol de la Vida es un símbolo, una enseñanza, una imagen del mundo, una transformación espiritual, una comprensión de todo lo viviente. Pero no es la imagen que se ve, sino el orden que brota de ella. Los colores no son las fronteras de sus mundos, sino la luz de la que provienen y a la que aspiran. Sus caminos no suben ni bajan, no unen ni separan, no están arriba ni abajo, pero sin recorrerlos nadie llegará a sí mismo para entender en un instante la luz de la unidad de todo lo que Es, y que ahí desciende y asciende sin parar.
      Carlos Montemayor

      Los orígenes de la Cabalá se remontan en el tiempo más allá de los Rollos del Mar Muerto. Por sus complejas profundidades y su rica historia, su cuerpo de escrituras y creencias ha llegado a ser cada vez más reconocido, no sólo como uno de los aspectos más enigmáticos del judaísmo, sino también como parte importante de una tradición mística más amplia. Siglos de esfuerzo tomó a los cabalistas descubrir los secretos de Dios, del hombre y del universo a través de los símbolos del mundo físico y los misterios del lenguaje; investigación monumental que tiene como escenario la vida judía en España, Polonia, Alemania y el resto de Europa.

      Las enseñanzas esotéricas del misticismo judío se designan con el término hlbq (cabalá)1 -"tradición" o "recepción"- del verbo hebreo lbq (kibel), "recibir"2 , especialmente las formas que asumieron en la Edad Media. En su sentido más amplio, "cabalá" significa todos los sucesivos movimientos esotéricos que se desarrollaron en el judaísmo a finales del periodo del Segundo Templo y se convirtieron en factores activos en la historia judía.3

      El término ha sido empleado en la literatura talmúdica, por un lado, para subrayar el fundamento de ciertas interpretaciones tradicionales de la Escritura y de ciertas costumbres religiosas; y, por otro, para testimoniar la continuidad espiritual de la historia judía. La elección de este término indica claramente el carácter legalista e histórico de la mística judía.4

      Según Scholem, la Cabalá es un fenómeno único, y no se le debe considerar como idéntico a lo que se conoce como "misticismo" en la historia de la religión. De hecho, se trata de un misticismo, pero al mismo tiempo es esoterismo y teosofía. ¿En qué sentido se le puede llamar misticismo? Ello depende de la definición del término, un asunto de controversia entre eruditos. Si el término se limita al profundo anhelo de comunicación humana directa con Dios a través de la aniquilación de la individualidad, entonces solamente unas cuantas manifestaciones de la Cabalá pueden ser designadas como tales, pues pocos cabalistas buscaron esta meta, y mucho menos la formularon abiertamente como su objetivo final. No obstante, se puede considerar que la Cabalá es un misticismo en tanto que busca una comprensión de Dios y la creación, cuyos elementos intrínsecos están más allá del alcance del intelecto, aunque los cabalistas rara vez subestiman o rechazan esto de manera explícita. Esencialmente, estos elementos fueron percibidos a través de la contemplación y la iluminación, que a menudo se presentan en la Cabalá como la transmisión de una revelación primordial relacionada con la naturaleza de la Torá y otros asuntos religiosos. Sin embargo, la Cabalá está muy lejos del enfoque racional e intelectual de la religión. Este fue el caso incluso entre aquellos cabalistas que pensaron que básicamente la religión estaba sujeta a la indagación racional, o que, al menos, había algún acuerdo entre el sendero de la percepción intelectual y el desarrollo de la aproximación mística al tema de la creación. Para algunos cabalistas el intelecto en sí mismo se convirtió en un fenómeno místico. Así encontramos en la Cabalá un énfasis paradójico en la congruencia entre intuición y tradición. Es este énfasis, junto con la asociación histórica que sugiere de suyo el término "cabalá" (algo que ha sido transmitido por tradición), lo que indica las diferencias básicas entre la Cabalá y otras clases de misticismo religioso que se identifican menos estrechamente con la historia de un pueblo. No obstante, hay elementos comunes a la Cabalá y al misticismo griego y cristiano, e incluso vínculos históricos entre ellos.

      Como otras clases de misticismo, la Cabalá también se ocupa de la percepción del místico tanto de la trascendencia de Dios como de su inmanencia en la vida verdaderamente religiosa, cada una de cuyas facetas es una revelación de Dios, aunque a éste el ser humano lo percibe más claramente a través de la introspección. Esta experiencia dual y aparentemente contradictroria del auto-ocultamiento y la auto-revelación de Dios determina la esfera esencial del misticismo, y al mismo tiempo obstruye otras concepciones religiosas. El segundo elemento en la Cabalá es la teosofía, que busca revelar los misterios de la vida oculta de Dios y las relaciones entre la vida divina, por una parte, y la vida del hombre y la creación por la otra.

      Especulaciones de este tipo ocupan un área extensa y conspicua en la enseñanza cabalística. Algunas veces su conexión con el plano místico se vuelve más bien tenue y es reemplazada por una vena interpretativa y homilética que ocasionalmente resulta incluso en una clase de casuística cabalística.

      La mística no judía -tanto oriental como occidental- aspira a superar el plano de la acción, a "perderse" en las esferas contemplativas; se sitúa fuera del tiempo histórico.

      La Cabalá va más allá, por supuesto, del ámbito material y temporal de la historia, pero no por ello deja de identificarse con ésta, y sobre todo con la del pueblo hebreo. La historia judía tiene orígenes metafísicos y se centra en la práctica religiosa. Esta práctica, individual en principio, adquiere un carácter social.

      El pensamiento de la Cabalá es algo más que un sistema filosófico. Su práctica no proporciona el sentimiento de la unión total con la divinidad ni se limita a la realización de un cierto número de ritos. Es una mística en virtud de su búsqueda de lo absoluto y de su persecución del contacto divino; pero, más allá de eso, es una manifestación creadora del espíritu judío.5

      Alexandre Safran afirma que en la Cabalá hay una revelación primordial que cada generación, cada ser humano, debe renovar. Esta empresa -que de suyo involucra a la divinidad- adquiere dimensiones cósmicas, pues su realización determina la relación de Dios con el mundo y con el hombre. La Cabalá rebasa los límites de una mística religiosa y es infinitamente más amplia que una tradición esotérica. Tanto en Oriente como en Occidente, el místico es un hombre liberado. Así lo presentan, por un lado, Karl Jaspers, que ve en Plotino al "mayor filósofo místico de Occidente"6 y, por otro, Roger Godel, ferviente admirador del jivan mukta (emancipado en vida) oriental.7El místico no judío aspira a su liberación, a su salvación, y la consigue. Por el contrario, el cabalista nunca llegará a la "aniquilación" total y definitiva, porque siempre permanece atado a la cadena divina. Aunque se "aniquile" por un instante, las oscilaciones de esta cadena le devuelven a sí mismo, le llaman a su orden terrestre.

      Ciertamente, la Cabalá pertenece al universo místico. Sin embargo, no se reduce a una ciencia mística especulativa ni a una técnica mística. El misticismo es "un método cuya finalidad es la comprensión experimental de lo divino".8 Pero el cabalista -el hombre "tradicional"- no trata de alcanzar lo divino: se conforma con aproximarse a Dios. No se pierde en Él, sino que acepta el yugo que Él le impone. Y el peso de ese yugo le da una sensación de delicia. El sometimiento se convierte en júbilo. Ese yugo es el mismo para todos, pero su peso se adapta a las fuerzas del ser humano que lo lleva. La revelación es la misma para todos, pero cada quien la interpreta a su modo, según sus capacidades intelectuales y espirituales. Es decir, la Ley es rigurosa, formal y general; pero los preceptos tienen un alcance individual, una resonancia personal.

      El cabalista no realiza la experiencia de Dios, no se embriaga con su Substancia, que envuelve y desconcierta al místico. La salvación que espera no debe desligarle de su condición humana, sino que habrá de permitirle su plena consumación.

      La cadena de la Cabalá no se halla al margen de la naturaleza; muy por el contrario, representa la naturaleza espiritualizada y el espíritu concretizado. Dios penetra la realidad inferior, se realiza. Por su parte, el ser humano puede contemplarse en el "espejo" celeste sin necesidad de abandonar la tierra. La realidad divina y la realidad humana son interdependientes. En la medida en que el hombre lo acepta, Dios es la realidad de este mundo.

      Sin embargo, Dios no ha suprimido la distancia que lo separa del hombre. Es verdad que éste puede trepar por la escala que conduce hasta los cielos, pero necesariamente habrá de descender de nuevo a la Tierra. El cabalista no se une a Dios, no realiza aquello que los místicos no judíos llaman unio mystica, perdiéndose en el Absoluto. El cabalista aspira a realizar su condición activa de "hombre de Dios" mediante la devekút, el "encadenamiento". El cabalista se encadena a su creador, establece una relación activa con Él; no se abisma en Él para despersonalizarse. Así, la devekút no es un método, ni una técnica, sino un modo de vida.

      En la perspectiva bíblica, la devekút, esta relación entre Dios y el hombre, es eminentemente dinámica, pero no desordenada. Así la presenta toda la literatura religiosa de Israel: el Talmúd, El Zóhar y la filosofía racionalista, y también todo el pensamiento místico. La devekút se anuda en el amor del hombre por Dios; y ese amor se hace total en virtud de la aplicación de la ley divina; es profundo sin ser exuberante. La devekút, modo de vida, condición vital, se transforma en un acto de vida, en el proceso de su realización.

      La finalidad suprema de todo místico que cree en un dios personal es el amor total a ese dios. Dios es amor y es objeto de amor,9 en una apología de la religión del místico. Pero el amor de Dios marca el desembocar de toda creencia religiosa en un dios personal y, en definitiva, toda religión tiene un fundamento místico incuestionable, porque presupone la fe en el Absoluto y, además, una relación entre el hombre y la divinidad.

      Pero si el amor puramente "místico", unitivo, suprime toda autonomía de la persona humana, el amor "religioso", en cambio, no hace sino establecer una relación con Dios. En la Cabalá, el amor de Dios no es ni verdaderamente místico, ni simplemente religioso. Se presenta sumergido en un resplandor místico, se funda en una reciprocidad, pero adquiere el sentido de un amor inteligente. Tanto en el primero como en el segundo tipo de relación hay dos personalidades que actúan una en la otra, dos personalidades que se influencian mutuamente, sin que cada una de ellas abandone -sin embargo- su propia estructura ni renuncie a su autonomía. Pero cada uno de los dos partícipes debe comprender al otro. Yadoa, conocer, indica una comprensión seguida de una voluntad activa, es decir, de una devekút.

      Esta unión creadora implica igualmente un acto de voluntad: el hombre debe plegarse a la voluntad de Dios. Por su parte, Dios respeta la voluntad de su criatura. Ésta, sin embargo, no debe abandonarse al "nada desear", no debe seguir la concepción mística para aniquilarse, perderse y transformarse en el objeto amado.10 Muy al contrario, la voluntad humana se reafirma al confundirse con la de Dios. Es decir, la devekút se manifiesta en la acción humana.

      El cabalista no practica únicamente un misticismo interior. Se dedica al estudio y penetra en los secretos de la Enseñanza, no para quedarse ahí sino para salir renovado. Es el hombre del deber, no del sentimiento; se orienta hacia la acción. Ocuparse del estudio significa instrucción y aplicación. La erudición sólo se justifica por la acción que de ella se deriva.11El cabalista no hace suyo el ideal de "no conocimiento" que los otros místicos -e incluso algunos no místicos- consideran tan elevado.

      Como el jasid -el "devoto" de todas las épocas-, el cabalista sigue el ejemplo del salmista y respeta la fe del hombre simple e íntegro, pero no por ello menosprecia el consejo de Yehudá ha-Leví12 y Bajiá ibn Pakuda13: estudiar. Los estudios no conducen al saber, sino a la conciencia de la propia ignorancia. Lo que está a la vista llama a los ojos, lo que está oculto atrae al saber. Pero el saber que El Zóhar recomienda no es más que la introducción al no-saber. A través de la búsqueda intelectual, el cabalista llega al grado que la supera, al cual sigue el descubrimiento de los secretos: el grado de la simplicidad. Porque lo que es verdadero es simple.

      La investigación racional no le permite alcanzar la verdad absoluta. La verdad adquiere un valor moral: se adquiere con arduo trabajo y por ello invita a la humildad. El valor moral no es perfecto, pero es perfectible. La simplicidad de la ciencia trae consigo la simplicidad del comportamiento. Y esta virtud -la virtud del ÷y_ (Aín), el "Absoluto"- es la misma del hombre que ha adquirido la ciencia, la "sabiduría", la hmkj (Jojmá).

      La Cabalá -Jojmá ha-emet, "ciencia de la verdad"- tiende a conocer la verdad divina y se interroga acerca del origen del mundo, sobre su organización y su fin; acerca de las relaciones entre Dios, el mundo y el hombre; sobre el lugar que el hombre ocupa en el universo. No obstante -a diferencia del místico hindú, que alardea de llegar a la omnisciencia, no en virtud de un esfuerzo intelectual sino por abstracción de todo saber-, la plena posesión de la verdad le sigue siendo inalcanzable.

      Para el cabalista, la omnisciencia es irrealizable, pero la ausencia de saber es imperdonable. El buscador despierto quiere conocer lo máximo posible. No limita su conocimiento a una ciencia fragmentaria y exterior a las cosas; no se conforma con alcanzar desde el exterior una serie de puntos de vista acerca de las cosas, sino que desea penetrar en su esencia; quiere llegar hasta su vida interior.

      El cabalista no afirma, como Pascal, que nada hay tan conforme a la razón como la sinrazón, ni comparte la idea de que ser místico es pretender conocer a través de algo que no sea la inteligencia.14Sabe que la inteligencia sola no comprende nada de la vida, pero le parece excesivo sostener, como Valéry, que lo real le está prohibido al pensamiento. No se deja aprisionar por la razón, ni fascinar por la intuición. Se sirve de ambas como instrumentos complementarios de investigación.

      La religiosidad del cabalista no se debe a la debilidad psíquica que origina el miedo a la acción, ni a estados neuróticos -teopáticos-, ni a la alucinación, al delirio, al éxtasis, con los que se pretende identificar el impulso religioso; corresponde a la intensa vida del espíritu que sabios eminentes tratan de explicar como la superación de un estado puramente afectivo, psicofisiológico. El cabalista es un ser normal, despierto, que posee la intuición de lo divino y que, para perfeccionarla, se supera por su propia acción.

      Como la describen los maestros del movimiento jasídico Jabad, nacido en Rusia en el siglo XVIII, la religión del cabalista es la de la audacia prudente, la del riesgo calculado.

      1 El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia da la siguiente definición del término: "Tradición oral que entre los judíos explicaba y fijaba el sentido de los libros del Antiguo Testamento, ya en lo moral y práctico, ya en lo místico y especulativo. / 2. Arte vano y supersticioso practicado por los judíos, que consiste en valerse de anagramas, transposiciones y combinaciones de las letras hebraicas y de las palabras de la Sagrada Escritura, con el fin de descubrir su sentido. La cábala (sic) servía de fundamento a la astrología, la nigromancia y demás ciencias ocultas. / 3. fig. Cálculo supersticioso para adivinar una cosa. / 4. fig. y fam. Negociación secreta y artificiosa. / 5. fig. Conjetura, suposición." La Academia Española esdrujuliza indebidamente esta voz, que en hebreo es aguda: hlbq (cabalá).
      2 Amén de significar "tradición", "recibimiento" y "ocultismo", la Cabalá es una ciencia especulativa que tiende a investigar el sentido esotérico de las Escrituras y los misterios del universo y del hombre; es también una doctrina cosmogónica que tiende a exponer una concepción del mundo, del hombre y de la virtud, en la que desempeñan un papel esencial las letras y los números. La Cabalá afirma la permanente comunicación mística entre Dios, el hombre y la naturaleza. Schallman, Lázaro: Diccionario de hebraísmos y voces afines. Editorial Israel, SRL, Buenos Aires.
      3 La historia de la mística judía, que abarca los dos últimos milenios, se divide, según G. Scholem, en seis periodos:
        I. La mística de la Merkabá. Tuvo su centro en Oriente. (Primer milenio.)
         II. El jasidismo alemán. Tuvo su centro en Alemania, de 1150 a 1300, aunque su influencia se extiende hasta el s. xvi.
        III.La Cabalá con su centro en España. Desde 1200 hasta la expulsión de los judíos de España, en 1492.
        IV. La Cabalá con su centro en Palestina. De 1500 hasta l650.
        V. El movimiento sabático. De l665 hasta 1800, integrado, según Scholem, en la historia misma de la mística judía.
        VI. El jasidismo en los países de Europa oriental. Desde 1750.
        Scholem, G.: Jewish Mysticism and Kabbala, en "The Jewish People, Past and Present." Vol.I, Jewish Encyclopedic
         Handbooks, Nueva York, l955, p. 308.
      4 Scholem, G.: Les origins de la Kabbale. Aubier Montagne, París, l966.
      5 Safran, Alexandre: La Cabalá, Ediciones Martínez Roca, SA, Barcelona, l976.
      6 Jaspers, Karl: Introducción a la Filosofía.
      7 Godel, Roger: Ensayos sobre la experiencia liberadora. Hachette, II Buenos Aires, 1955
      8 Aegerter, Emmanuel: El misticismo. París, l952; pp. 246-247.
      9 Bergson, Henri: Las dos fuentes de la moral y de la religión. F. Alcan. París, 1932.
      10 Malebranche, Nicolás de: Tratado del amor de Dios, II, 299. Ed. Jules Simon.
      11 Talmúd de Babilonia, Meguilá 26, a.
      12 Kuzarí, I, 7.
      13 Jovót ha-levavót. Hakdama.
      14 Globot: Clasificación de las ciencias. Citado en Vocabulario técnico y crítico de la filosofía. André Lalande, París, l956, p. 663.
   



Magia Negra


Magia Negra

La Magia Negra es poderosa pero el precio que comporta su uso siempre se acaba pagando !
Empecemos por aclarar una serie de conceptos y definiciones de qué es lo que podemos considerar como Magia Negra, cual es el sentido de su clasificación en esta categoría y su relación con eso tan abundante en cualquier módulo de RQ ambientado en Glorantha (o donde sea) y tan odiado por Urox, el Toro Tempestuoso: el Caos, la Magia Caótica.
Una cosa está bien clara, no podemos aplicar la clasificación clásica (digamos cartomántica) de que la Magia Blanca es la que no pretende provocar ningún mal a nadie y Magia Negra es aquella que busca causar un daño a un enemigo, pues en ese caso el 90% de la magia de cualquier juego de ROL (que no son nada violentos, oye...) entraría con todos los honores en el destacado capítulo de la magia más negra que haber pueda: desde un Cuchilla Afilada al impresionante Separación del Alma. Y no es eso.
La Magia Negra se confunde habitualmente con la Magia Caótica, o relacionada con el Caos que amenaza Glorantha, aunque no se trata estrictamente del mismo concepto.
Magia Negra es aquella que no tan solo está considerada por moral y ética como algo nocivo y dañino para las gentes, sino que será rechazada socialmente por emplear recursos y mecanismos que se consideran prohibidos por una especie de ley natural superior que no está formulada necesariamente (o sí, en los Libros Sagrados de diferentes culturas) pero que una determinada sociedad considera como contrarios a su código de comportamiento.
Esto nos lleva a un punto muy importante en esta definición: las prácticas y conocimientos que se consideran como magia negra serán diferentes de una cultura a otra según las sensibilidades particulares de cada región y sus gentes. Lo que en un reino malkionita es considerado como hechicería tolerada y perfectamente escrupulosa con sus preceptos religiosos y sociales, puede ser considerado una práctica nefasta y herética en un reino occidental vecino, cuanto más en tierras que no utilicen la hechicería, que tienden a ver a todos sus practicantes como individuos sin alma ni piedad.
Así Magia Negra es aquella que no se tolera oficialmente en un determinado marco cultural, si bien algunos de sus habitantes se obstinan en seguir practicando (de lo contrario carecería de sentido su prohibición) saltándose los tabúes sociales al respecto. Esto no quita que en la mayoría de los casos no haya que romperse mucho la cabeza en dilemas morales para reconocer de que tipo de personas estamos hablando cuando nos referimos a los proscritos "practicantes de magia negra" que hacen uso de conjuros de Succionar sobre algún criado o prisionero, o quizás sobre un niño raptado, para extraer de él los PM para realizar grandes conjuros. Pero por otra parte en las áreas geográficas sujetas a regímenes particularmente autoritarios e integristas (como la intolerante Iglesia Rokari de Seshnela) se estigmatiza como magia negra a cualquier desviación de la corriente ortodoxa, calificando como tal a las prácticas de tipo shamánico que aún perviven entre algunas mujeres sabias de las aldeas pertenecientes a las zonas más pobres y atrasadas e ineludiblemente a los estratos sociales más bajos, los siervos y campesinos. Y sin ningún lugar a dudas los conocimientos mágicos de estas mal llamadas "brujas" (generalmente del nivel de un aprendiz de shamán) no son muy diferentes de los que en otras regiones caracterizan a los pueblos primitivos de agrupaciones tribales, que no son precisamente lo que alguien debería llamar un cónclave de "magia negra".
Consideramos Magia Caótica aquella Magia Divina que se deriva (lógicamente) de los cultos adoradores de Dioses Caóticos (Cacodemonio, Thed, Malia, Pocharngo, el Caos Primordial...) o que de alguna forma estén contaminados por la asociación con el Caos (la Diosa Roja...) aunque en este último caso no queda claro si deberían considerarse caóticas todas sus enseñanzas, como proclaman sus enemigos orlanthis, o tan solo aquellas prácticas mágicas que estuviesen derivadas de su asociación, o como mínimo concupiscencia, con el Caos. (Conjuros como Regalo del Caos no dejan mucho lugar a dudas sobre su origen y naturaleza).
Pero a diferencia de lo expuesto en la definición de "magia negra" como aquellas prácticas que están proscritas oficialmente en una determinada sociedad, la magia caótica és algo que a priori parece mucho más fácil de concretar de una forma bastante objetiva (aunque como hemos visto esto podría complicarse si hablamos de Gbaji-Nysalor o la Diosa Roja) y no tiene nada que ver con las convenciones sociales de la cultura en que se desarrolle su práctica.
La magia caótica está perseguida en muchas de las regiones de la superficie de Glorantha pero sin embargo la imagen de que se trate de una magia proscrita está falseada por el aparente triunfo en extensión social de los Dioses que se enfrentan al Caos (la totalidad de los panteones excepto el panteón Lunar que se mantiene en una aparente neutralidad no condicionada por no haber participado (originalmente) en el Pacto de Todos los Dioses que dio origen al Tiempo, pues la Diosa de la Luna Roja hizo su aparición en el mundo mucho después de todos estos acontecimientos). Por ello no debe llevarnos a engaño la aplastante mayoría de sociedades que han proscrito los cultos caóticos: también hay culturas que los amparan y los consideran deseables, aunque la mayoría de ellas no están constituidas por humanos.
En todo el Imperio Lunar está claramente protegido, potenciado y hasta recomendado el uso de algunos recursos de origen claramente caótico, no sólo a través de la magia rúnica que proporciona la Diosa o el culto de las Siete Madres, sino también mediante un algo más subrepticio aprovechamiento de poderes caóticos que les pueden proporcionar seres de una naturaleza que ofrece pocas dudas, como las legiones de muertos vivientes, o el mismo Murciélago Carmesí. Así la magia caótica al ser aceptada en algunas culturas no será considerada como "magia negra" en cuanto que no es rechazada y perseguido su uso y conocimiento, si bien el cinismo de sus practicantes puede llegar al extremo de que sobre unas bases comunes de cultura compartida con sus pueblos vecinos lleguen a calificar alguna de las ramas de sus universidades de hechicería (como sucede en la zona occidental-lunarizada de la hermosa tierra de Transilv...Carmania) como la escuela de los Túnicas Negras, por contraposición a los Túnicas Rojas y los Túnicas Blancas, en función del tipo de espíritus con los que están acostumbrados a tratar y más especializados en invocar.
Los hechiceros espiritistas Túnicas Negras no están en absoluto perseguidos en la sociedad carmaniana (aunque su visión no despierta precisamente las alegrías de los campesinos que son frecuentes víctimas de los peculiares efectos de sus prácticas) sino que por el contrario pertenecen a la Casta de los Magos, que junto a la Casta de los Nobles y servidos por la Casta de los Caballeros constituyen las elites de la organización social de su civilización. Y al tratarse de expertos en el empleo de la hechicería no están haciendo uso en principio de la magia divina de ninguna deidad caótica, por lo que estrictamente no utilizan magia caótica. Por ello al menos en Carmania no se puede llamar "magia negra" a lo que hacen los Túnicas Negras.
Sólo como referencia de su vínculo cultural (por un origen histórico común) con otros reinos occidentales malkionitas, para los que su área de investigación mágica está proscrita, han heredado un titulo de "Túnicas Negras" que enerva a sus enemigos como la personificación de todos aquellos pecados que sus magos denuncian como aberraciones inenarrables al tiempo que algunos envidiarían poder imitar por el gran poder que proporcionan...
Entonces ¿qué vamos a clasificar, sobre la práctica, como magia negra en RQ?. Pues básicamente el tipo de conjuros de Magia Divina, Magia Espiritual o Hechicería (que aquí en todas partes cuecen habas!) que son particularmente malignos (visión subjetiva) o que de alguna manera estén relacionados con criaturas caóticas (Crear Vampiro...) y por supuesto todo lo que genuinamente se considera Magia Caótica, que será tenida como magia prohibida y más negra que el betún en casa de cualquier persona decente... o no.
En definitiva, concluimos que la clasificación es algo arbitraria y bastante intencionada para que en el lote caigan aquellos conjuros y rituales que más juego dan para crear poderosos magos malignos que serán vistos como terribles enemigos en casi cualquier esquema de partida de ROL. Todos estos conjuros serán especialmente crueles y dañinos para los pobres desgraciados que deban sufrir sus efectos y todos ellos proporcionarán grandes recursos a quien esté dispuesto a dejar de lado consideraciones morales y éticas para usar estos tortuosos (y sádicos) procedimientos de acumular poder. Y en cierta manera todos condicionan también la catadura moral que deberemos aplicar a cualquiera de nuestros PJ´s si acaba cayendo en la tentación de usar estos métodos...
Hechicería.
Los civilizados y materialistas practicantes de la hechicería tienen muchas cosas que decir cuando hablamos de Magia Negra... de hecho la mayoría de escisiones y herejías entre los malkionitas adoradores del Dios Invisible giran en torno a un punto central: el uso más o menos restrictivo de los conjuros de Succionar.
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  • Succionar: (Pasivo, Toque, Temporal) Viejo conocido de todos los hechiceros. Descrito en RQB.
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  • Invocar / Dominar Necrófago o cualquier otro espíritu maligno. Descritos en RQB/RQA.
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  • Crear Vampiro(Ritual de Encantamiento) Descrito en RQA.
  •  
  • Crear Basilisco. (Ritual de Encantamiento) Descrito en RQA.
  •  
  • Crear Cocatriz. (Ritual de Encantamiento) Mencionado en el Bestiario de G:MH.
  •  
  • Crear Gorro Rojo. (Ritual de Encantamiento) Mencionado en Secretos de Glorantha.
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  • Algunas versiones de Inmortalidad. (Sobre uno Mismo, Encantamiento, Temporal)
  • Descrito en RQA aunque se ofrecían otras aportaciones muy suculentas en Tierra de Ninjas.
    •  
    • Dominar Humano (u otra especie inteligente). (A distancia, Activo, Temporal) Descrito RQA.
    •  
    • Robar Vida. [Nuevo Conjuro].
    •  
    • Petrificar. [Nuevo Conjuro].
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    • Cuchilla Sangrienta. [Nuevo Conjuro bajado de Internet].
    •  
    • Marchitar. [Nuevo Conjuro descripción de un conjuro presentado en Eldarad].


    Magia Espiritual.
    Los conocimientos sobre procedimientos rituales extraños y sobre preparación de drogas de naturaleza sobrenatural que poseen algunos viejos Shamanes hacen que no debamos olvidar la aportación de los pueblos más primitivos al nutrido repertorio de prácticas extremadamente crueles y malignas que puede dispensar la Magia Negra.
    •  
    • Crear Zombie(Ritual de Encantamiento) Mencionado en RQA.
    •  
    • Invocar / Controlar espíritu Necrófago. Descrito en RQA.
    •  
    • Invocar / Controlar espíritu de la Enfermedad. Descrito en RQA.
    •  
    • Invocar Secuaz del Devorador de Serpientes. Descrito en Dioses de Glorantha.
    Se trata de hecho de un Culto Espiritual del Hombre Astado.
    •  
    • Invocar / Controlar espíritu de las Pasiones, Fantasma, Espectro, Helión, Fachán, Bruja o cualquier otro espíritu maligno. Descritos en su mayoría en RQA.


    Magia Divina.
    En este capítulo destacan por derecho propio los conjuros del nutrido grupo de la genuina Magia Caótica, pero tampoco son los únicos que merecen ser considerados como magia negra en el amplio abanico que nos presentan los miles de deidades que coexisten en Glorantha.
    Origen Caótico.
    Origen no Caótico.
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    • Arrasar la Tierra. (Maran Gor) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Apaciguar la Tierra. (Colmillo Sangriento) Descrito en Secretos de Glorantha.
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    • Encantamiento de Ligadura de la Muerte. (Colmillo Sangriento) Descrito en Secretos.
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    • Esterilización. (Gorgoma) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Atraer Monstruo Marino. (Magasta) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Torturar. (Zorak Zoran) [Nuevo Conjuro bajado de Internet].
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    • Crear Fantasma. (Zorak Zoran) Descrito en RQA.
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    • Crear Momia. (Algunos cultos eremitas) Mencionado en RQA.
    •  
    • Fijar Inteligencia. (Waha) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Herida Rebelde / Sellar Herida. (Zorak Zoran / Colmillo Sangriento)
  • Descrito en Dioses de Glorantha y repetido bajo otro formato en Secretos de Glorantha.
    •  
    • Aridez. (Daga) [Nuevo Conjuro bajado de Internet].
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    • Desecar Aire. (Daga) [Nuevo Conjuro bajado de Internet].
    •  
    • Hambre. (Daga) [Nuevo Conjuro bajado de Internet].


    NUEVOS CONJUROS DE HECHICERÍA.

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    • Robar Vida: (Activo, A Distancia, Instantáneo) Conjuro de hechicería que funciona de manera idéntica a un Veneno, aunque no enfrenta su Intensidad a la CON de la víctima sino a sus PG generales. Esto es, si supera la tirada de resistencia de todo conjuro ofensivo (PMvsPM) actuará enfrentando su Intensidad a los PG Generales. Entonces pasa a funcionar como un daño directo a estos PG generales (de toda la intensidad o la mitad de ésta si no ha superado la tirada de resistencia) con la peculiaridad de que pese a ser de tipo Instantáneo no es un efecto inmediato sino progresivo y activo hasta que acaba de producir el daño, a una tasa de 1PG/MR durante los cuales el blanco sufre terribles dolores que le dejan absolutamente incapacitado a menos que logre una tirada bajo CONx5 cada asalto que se prolongue la agonía. Y al mismo tiempo que su víctima va perdiendo PG el lanzador los absorbe para embolsárselos como si fueran PG propios. Estos PG así robados no se pierden al terminar de hacer efecto el conjuro a menos que sobrepasasen los PG máximos del hechicero (CON+TAM/2) en cuyo caso se van disipando desde el momento mismo que cesa el lanzamiento del conjuro, a la misma tasa que se habían ganado, 1PG/MR. Este terrible conjuro puede usarse por tanto también como una horrible forma de "curación" a costa de una víctima propiciatoria a la que como dice su nombre le robamos la vida.
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    • Petrificar: (Pasivo, A Distancia, Temporal) Conjuro de hechicería idéntico a un Paralizar, con la peculiaridad de que no sólo paraliza la localización afectada como si estuviera (falsamente) en PG negativos sino que la convierte temporalmente en piedra, en roca sólida, con una CAR para la víctima equivalente al doble de los PG normales de la localización. Cuando afecta a una extremidad es en todo idéntico a un Paralizar, no hace un daño real y cuando se acaba el efecto del conjuro la extremidad vuelve a la normalidad. Sin embargo si la localización afectada es la cabeza, pecho o abdomen la petrificación no se detiene aquí y progresa en un agónico AC para convertir a su blanco en una auténtica estatua de piedra. Deberá hacer tiradas equivalentes a las de asfixia (a partir de CONx3 y con una gravedad extrema de 2D6 PD/AC en cuanto falle) o morirá en pocos minutos. La única salvación que puede encontrar sería que alguien anulase el conjuro antes de que le produzca la muerte. Algunos hechiceros particularmente grandilocuentes lanzan sus conjuros de Petrificar con largas duraciones para que el cuerpo convertido en estatua del que fuera su enemigo sirva de escarmiento a cualquiera que ose enfrentarse a él en el futuro...
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    • Cuchilla Sangrienta: (Ritual de Encantamiento) Este oscuro ritual permite encantar un objeto (habitualmente una daga de sacrificios) empleando uno o más puntos de PER para crear una especie de Matriz de Conjuro de Hechicería que a diferencia de todas las demás matrices conocidas no quedará configurada al lanzar el primer conjuro de hechicería que la utiliza (dando lugar a una Matriz de Aumentar Daño, de Incrementar FUE o de Inmortalidad, o de cualquier otro conjuro específico) sino que podrá ser empleada libremente para cualquier tipo de hechizo que desee manipular su propietario. Pero este prodigio sólo es posible a expensas de extraer las energías que reconfiguran la Matriz de la sangre derramada de víctimas destinadas al sacrificio. Al descargar un golpe con el arma que contiene la Matriz de Cuchilla Sangrienta éste drena un punto de CON junto a cada punto de daño, activando con cada uno de ellos un punto de la Matriz polivalente encantada en la Cuchilla Sangrienta. El hechicero debe obtener además una tirada exitosa bajo un ritual que se equipara a la habilidad de Torturar, pues es gracias al dolor extremo al que somete al espíritu de la víctima (igual que hacía el Encantamiento de Ligadura de la Muerte del culto del Colmillo Sangriento) que éste de debilita permitiendo que se robe su esencia vital para este fin aberrante. Sin embargo existe un peligro añadido a este tipo de prácticas, pues el espíritu torturado no se está atando en ninguna ligadura y si la víctima del sangriento ritual llegara a morir (como consecuencia directa del golpe con el que se ha extraído la magia para activar el encantamiento) se convertirá en un tipo especial de Fantasma vengativo conocido como Espíritu Sangriento, cuya PER es el doble de la que tuvo en vida exclusivamente a efectos de atacar en combate espiritual al hechicero causante de su agonía, para poseerle y conducirle a un horrible suicidio.
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    • Marchitar: (Pasivo, Toque, Temporal) Este terrible conjuro es muy similar a un Aumentar Daño (se realiza sobre un arma y no requiere superar tirada PMvsPM) con la particularidad de que no añade su intensidad al daño realizado sino que cuando se produce una herida actúa de forma parecida a un Paralizar (enfrentando su Intensidad a los PG Localización) de forma que si no logra superarlos no ocurre nada, pero si los supera la extremidad alcanzada se consume a ojos vista, se marchita, quedando permanentemente destruida. Si se trataba de una localización vital, como cabeza pecho o abdomen, la víctima muere. Una localización así consumida (como ocurría con el conjuro divino de Mutilación) sólo podrá ser recuperada si se amputa y se utiliza algún tipo de magia de regeneración.
    NUEVOS CONJUROS DE MAGIA DIVINA.
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    • Torturar [2]: (No Apilable, Reutilizable, Activo, Toque, Temporal)(Ritual de Ceremonia) Este conjuro rúnico sume a su víctima en una terrible agonía física y espiritual. Para hacer efecto debe sobrepasar la resistencia de su blanco con PMvsPM, con lo que lo dejaría incapacitado para realizar cualquier acción a menos que logre una tirada de CONx1 aunque por tratarse de un conjuro ritual (que debe lanzarse por medio de una tirada de ceremonia) no es viable su empleo en situaciones de combate. Su efecto es pues, y como indica su nombre, una forma de infringir un terrible castigo mágico que no se traduce en daño físico, por lo que a diferencia de la habilidad de Torturar no puede matar a un prisionero antes de que se le arranque la información. Tal como se explica detalladamente en la descripción de la habilidad de Torturar, el blanco deberá ir haciendo tiradas de CONx5 y PERx5 con modificadores cada vez menores para resistirse al interrogatorio.
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    • Aridez [1]: (Apilable, Reutilizable, Pasivo, A Distancia, Instantáneo) Este conjuro afecta un área de 50 m. de radio en torno al lanzador. Cada punto de conjuro apilado incrementa este radio en un 50% del anterior. Todas las plantas que crezcan en este área de conjuro se desecan en pocos minutos y mueren sin esperanza de rebrotar jamás. No queda ni una brizna de vida en ellas. En caso de considerarlo apropiado (relevante a nivel de juego) se puede requerir una tirada de PMvsPM exitosa para desecar todas aquellas plantas que se vean así superadas (todos los seres vivos tienen PER y los vegetales en RQ se representan con PER, TAM y CON, aunque sólo un árbol tiene una PER que pueda tener peso en la escala de las normas del juego, un arbusto normal tendría PER 1D6 tan sólo) Este conjuro puede emplearse pues para arrasar un campo de cultivo o una zona de bosque más allá de todo intento de recuperación. El conjuro no evita que nueva vegetación vuelva a surgir en la zona arrasada por la aridez mágica.
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    • Desecar Aire [1]: (Apilable, Reutilizable, A Distancia, Temporal) Este conjuro disminuye la humedad del aire y con ello las posibilidades de precipitación a la tasa de 1D6mm de potenciales lluvias por cada punto de conjuro apilado. Afecta a un área de 50 m. de radio, y cada punto apilado puede aumentar alternativamente este alcance en un 50%. Si está lloviendo y el nuevo porcentaje de humedad está por debajo de la tirada obtenida para desencadenar la lluvia (o el número arbitrario que determinase el Master) las precipitaciones se detendrán. Este conjuro también puede emplearse para desecar el terreno anegado o incluso para secar pozos, si la humedad se reduce por debajo de 0 mm. (0 % de humedad determinada por una tirada de 1D100, nada que ver con el término de humedad relativa del aire que suele ser del 80-90%, y es muy seco con un 50%).
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    • Hambre [2]: (No Apilable, Reutilizable, A Distancia, Temporal) Este terrible conjuro ofensivo tras superar PMvsPM hace que su víctima (sólo puede afectar a un carnívoro) quede sometida a un instinto tan descontrolado por comer que se nubla su raciocinio y si no tiene comida (en abundancia) al alcance, ataque a cualquier ser vivo que tenga a la vista (al más cercano) para matarlo y devorarlo en una orgía de sangre de dimensiones pantagruélicas. Si se trata de una circunstancia que suponga un grave tabú para sus actos (atacar a otro ser inteligente) se podría luchar contra esta momentánea obnubilación del entendimiento si logra un INTx1 repitiendo el intento cada Asalto de Combate. El hambre y la locura que le dominan son tan intensos que si está absolutamente sólo empezará a devorarse a si mismo, empezando por los dedos o las zonas menos vitales (una oreja...) que masticará con deleite hasta hacer imposible la reparación con conjuros de Curación. En este caso tan extremo, o en aquellos en que atacase a una persona excepcionalmente importante desde un punto de vista emocional (un hijo, un hermano...) la tirada para resistirse se hará bajo un INTx3. En todos los casos una tirada de INT anula la obnubilación y da por concluido el conjuro.


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    • Rasgo Caótico. (Caos Primordial) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Ritual Caníbal. (Bagog) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Ritual de Reencarnación. (Bagog) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Portar Enfermedad. (Malia) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Transmitir Enfermedad. (Malia) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Consumir. (Pocharngo) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Corrupción. (Pocharngo) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Mutilación. (Pocharngo) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Crear Gorp. (Pocharngo) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Crear Hijo de Krarsht. (Krarsht) [Nuevo Conjuro bajado de Internet].
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    • Crear Cuelgacabezas. (Thanatar) [Nuevo Conjuro bajado de Internet].
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    • Regalo del Caos. (Las Siete Madres) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Maldición Caótica. (Thed) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Progenie Caótica. (Thed) Descrito en Dioses de Glorantha.
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    • Renacimiento Caótico. (Thed) Descrito en Dioses de Glorantha.

    El Caos Reptante - H.P. Lovecraft y Elizabeth Berkeley


    El Caos Reptante (1920/21)

    H.P. Lovecraft y Elizabeth Berkeley


    Mucho es lo que se ha escrito acerca de los placeres y los sufrimientos del opio. Los éxtasis y horrores de De Quincey y los paradis artificiels de Baudelaire son conservados e interpretados con tal arte que los hace inmortales, y el mundo conoce a fondo la belleza, el terror y el misterio de esos oscuros reinos donde el soñador es transportado. Pero aunque mucho es lo que se ha hablado, ningún hombre ha osado todavía detallar la naturaleza de los fantasmas que entonces se revelan en la mente, o sugerir la dirección de los inauditos caminos por cuyo adornado y exótico curso se ve irresistiblemente lanzado el adicto. De Quincey fue arrastrado a Asia, esa fecunda tierra de sombras nebulosas cuya temible antigüedad es tan impresionante que "la inmensa edad de la raza y el nombre se impone sobre el sentido de juventud en el individuo", pero él mismo no osó ir más lejos. Aquellos que han ido más allá rara vez volvieron y, cuando lo hicieron, fue siempre guardando silencio o sumidos en la locura. Yo consumí opio en una ocasión... en el año de la plaga, cuando los doctores trataban de aliviar los sufrimientos que no podían curar. Fue una sobredosis -mi médico estaba agotado por el horror y los esfuerzos- y, verdaderamente, viajé muy lejos. Finalmente regresé y viví, pero mis noches se colmaron de extraños recuerdos y nunca más he permitido a un docotor volver a darme opio.
    Cuando me administraron la droga, el sufrimiento y el martilleo en mi cabeza habían sido insufribles. No me importaba el fututo; huir, bien mediante curación, inconsciencia o muerte, era cuanto me importaba. Estaba medio delirando, por eso es difícil ubicar el momento exacto de la transición, pero pienso que el efecto debió comenzar poco antes de que las palpitaciones dejaran de ser dolorosas. Como he dicho, fue una sobredosis; por lo cual, mis reacciones probablemente distaron mucho de ser normales. La sensación de caída, curiosamente disociada de la idea de gravedad o dirección, fue suprema, aunque había una impresión secundaria de muchedumbres invisibles de número incalculable, multitudes de naturaleza infinitamente diversa, anque todas más o menos relacionadas conmigo. A veces, menguaba la sensación de caída mientras sentía que el universo o las eras se desplomaban ante mí. Mis sufrimientos cesaron repentinamente y comencé a asociar el latido con una fuerza externa más que con una interna. También se había detenido la caída, dando paso a una sensación de descanso efímero e inquieto, y, cuando escuché con mayor atención, fantaseé con que los latidos procedieran de un mar inmenso e inescrutable, como si sus siniestras y colosales rompientes laceraran alguna playa desolada tras una tempestad de titánica magnitud. Entonces abrí los ojos.
    Por un instante, los contornos parecieron confusos, como una imagen totalmente desenfocada, pero gradulamente asimilé mi solitaria presencia en una habitación extraña y hermosa iluminada por multitud de ventanas. No pude hacerme la idea de la exacta naturaleza de la estancia, porque mis sentidos distaban aún de estar ajustados, pero advertí alfombras y colgaduras multicolores, mesas, sillas, tumbonas y divanes de elaborada factura, y delicados jarrones y ornatos que sugerían lo exótico sin llegar a ser totalmente ajenos. Todo eso percibí, aunque no ocupó mucho tiempo en mi mente. Lenta, pero inexorablemente, arrastrándose sobre mi conciencia e imponiéndose a cualquier otra impresión, llegó un temor vertiginoso a lo desconocido, un miedo tanto mayor cuanto que no podía analizarlo y que parecía concernir a una furtiva amenaza que se aproximaba... no la muerte, sino algo sin nombre, un ente inusitado indeciblemente más espantoso y aborrecible.
    Inmediatamente me percaté de que el símbolo directo y excitante de mi temor era el odioso martilleo cuyas incesantes reverberaciones batían enloquecedoramente contra mi exhausto cerebro. Parecía proceder de un punto fuera y abajo del edificio en el que me hallaba, y estar asociado con las más terroríficas imágenes mentales. Sentí que algún horrible paisaje u objeto acechaban más allá de los muros tapizados de seda, y me sobrecogí ante la idea de mirar por las arqueadas ventanas enrejadas que se abrían tan insólitamente por todas partes. Descubriendo postigos adosados a esas ventanas, los cerré todos, evitando dirigir mis ojos al exterior mientras lo hacía. Entonces, empleando pedernal y acero que encontré en una de las mesillas, encendí algunas velas dispuestas a lo largo de los muros en barrocos candelabros. La añadida sensación de seguridad que prestaban los postigos cerrados y la luz artificial calmaron algo mis nervios, pero no fue posible acallar el monótono retumbar. Ahora que estaba más calmado, el sonido se convirtió en algo tan fascinante como espantoso. Abriendo una portezuela en el lado de la habitación cercano al martilleo, descubrí un pequeño y ricamente engalanado corredor que finalizaba en una tallada puerta y un amplio mirador. Me vi irresistiblemente atraído hacia éste, aunque mis confusas aprehensiones me forzaban igualmente hacia atrás. Mientras me aproximaba, pude ver un caótico torbellino de aguas en la distancia. Enseguida, al alcanzarlo y observar el exterior en todas sus direcciones, la portentosa escena de los alrededrores me golpeó con plena y devastadora fuerza.
    Contemplé una visión como nunca antes había observado, y que ninguna persona viviente puede haber visto salvo en los delirios de la fiebre o en los infiernos del opio. La costrucción se alzaba sobre un angosto punto de tierra -o lo que ahora era un angosto punto de tierra- remontando unos 90 metros sobre lo que últimamemnte debió ser un hirviente torbellino de aguas enloquecidas. A cada lado de la casa se abrían precipicios de tierra roja recién excavados por las aguas, mientras que enfrente las temibles olas continuaban batiendo de forma espantosa, devorando la tierra con terrible monotonía y deliberación. Como a un kilómetro se alzaban y caían amenazadoras rompientes de no menos de cinco metros de altura y, en el lejano horizonte, crueles nubes negras de grotescos contornos colgaban y acechaban como buitres malignos. Las olas eran oscuras y purpúreas, casi negras, y arañaban el flexible fango rojo de la orilla como toscas manos voraces. No pude por menos que sentir que alguna nociva entidad marina había declarado una guerra a muerte contra toda la tierra firme, quizá instigada por el cielo enfurecido.
    Recobrándome al fin del estupor en que ese espectáculo antinatural me había sumido, descubrí que mi actual peligro físico era agudo. Aun durante el tiempo en que observaba, la orilla había perdido muchos metros y no estaba lejos el momento en que la casa se derrumbaría socavada en el atroz pozo de las olas embravecidas. Por tanto, me apresuré hacia el lado opuesto del edificio y, encontrando una puerta, la cerré tras de mí con una curiosa llave que colgaba en el interior. Entonces contemplé más de la extraña regón a mi alrededor y percibí una singular división que parecía existir entre el océano hostil y el firmamemnto. A cada lado del descollante promontorio imperaban distintas condiciones. A mi izquiera, mirando tierra adentro, había un mar calmo con grandes olas verdes corriendo apaciblemente bajo un sol resplandeciente. Algo en la naturaleza y posición del sol me hicieron entremecer, aunque no pude entonces, como no puedo ahora, decir qué era. A mi derecha también estaba el mar, pero era azul, calmoso, y sólo ligeramente ondulado, mientras que el cielo sobre él estaba oscurecido y la ribera era más blanca que enrojecida.
    Ahora volví mi atención a tierra, y tuve ocasión de sorprenderme nuevamente, puesto que la vegetación no se parecía en nada a cuanto hubiera visto o leído. Aparentemente, era tropical o al menos subtropical... una conclusión extraída del intenso calor del aire. Algunas veces pude encontrar una extraña analogía con la flora de mi tierra natal, fantaseando sobre el supuesto de que las plantas y matorrales familiares pudieran asumir dichas formas bajo un radical cambio de clima; pero las gigantescas y omipresentes palmeras eran totalmente extranjeras. La casa que acababa de abandonar era muy pequeña -apenas mayor que una cabaña- pero su material era evidentemente mármol, y su arquitectura extraña y sincrética, en una exótica amalgama de formas orientales y occidentales. En las esquinas había columnas corintias, pero los tejados rojos eran como los de una pagoda china. De la puerta que daba a tierra nacía un camino de singular arena blanca, de metro y medio de anchura y bordeado por imponentes palmeras, así como por plantas y arbustos en flor desconocidos. Corría hacia el lado del promontorio donde el mar era azul y la ribera casi blanca. Me sentí impelido a huir por este camino, como perseguido por algún espíritu maligno del océano retumbante. Al principio remontaba ligeramente la ribera, luego alcancé una suave cresta. Tras de mí, vi el paisaje que había abandonado: toda la punta con la cabaña y el agua negra, con el mar verde a un lado y el mar azul al otro, y una maldición sin nombre e indescriptible cerniéndose sobre todo. No volví a verlo más y a menudo me pregunto... Tras esta última mirada, me encaminé hacia delante y escruté el panorama de tierra adentro que se extendía ante mí.
    El camino, como he dicho, corría por la ribera derecha si uno iba hacia el interior. Delante y a la izquierda vislumbré entonces un magnífico valle, que abarcaba miles de acres, sepultado bajo un oscilante manto de hierba tropical más alta que mi cabeza. Casi al límite de la visión había una colosal palmera que parecía fascinarme y reclamarme. En este momento, el asombro y la huida de la península condenada habían, con mucho, disipado mi temor, pero cuando me detuve y desplomé fatigado sobre el sendero, hundiendo ociosamente mis manos en la cálida arena blancuzco-dorada, un nuevo y agudo sonido de peligro me embargó. Algún terror en la alta hierba sibilante pareció sumarse a la del diabólico mar retumbante y me alcé gritando fuerte y desabridamente.
    -¿Tigre? ¿Tigre? ¿Es un tigre? ¿Bestias? ¿Bestias? ¿Es una bestia lo que me atemoriza?
    Mi mente retrocedía hasta una antigua y clásica historia de tigres que había leído; traté de recordar al autor, pero tuve alguna dificultad. Entonces, en mitad de mi espanto, recordé que el relato pertenecía a Ruyard Kipling; no se me ocurrió lo ridículo que resultaba considerarle como un antiguo autor. Anhelé el volumen que contenía esta historia, y casi había comenzado a desandar el camino hacia la cabaña condenada cuando el sentido común y el señuelo de la palmera me contuvieron.
    Si hubiera o no podido resistir el deseo de retroceder sin el concurso de la fascinación por la inmensa palmera, es algo que no sé. Su atracción era ahora predominante, y dejé el camino para arrastrarme sobre manos y rodillas por la pendiente del valle, a pesar de mi miedo hacia la hierba y las serpientes que pudiera albergar. Decidí luchar por mi vida y cordura tanto como fuera posible y contra todas las amenazas del mar o tierra, aunque a veces temía la derrota mientras el enloquecido silbido de la misteriosa hierba se unía al todavía audible e irritante batir de las distantes rompientes. Con frecuencia, debía detenerme y tapar mis oídos con las manos para aliviarme, pero nunca pude acallar del todo el detestable sonido. Fue tan sólo tras eras, o así me lo pareció, cuando finalmente pude arrastrarme hasta la increíble palmera y reposar bajo su sombra protectora.
    Entonces ocurrieron una serie de incidentes que me transportaron a los opuestos extremos del éxtasis y el horror; sucesos que temo recordar y sobre los que no me atrevo a buscar interpretación. Apenas me había arrastrado bajo el colgante follaje de la palmera, cuando brotó de entre sus ramas un muchacho de una belleza como nunca antes viera. Aunque sucio y harapiento, poseía las facciones de un fauno o semidiós, e incluso parecía irradiar en la espesa sombra del árbol. Sonrió tendiendo sus manos, pero antes de que yo pudiera alzarme y hablar, escuché en el aire superior la exquisita melodía de un canto; notas altas y bajas tramadas con etérea y sublime armonía. El sol se había hundido ya bajo el horizonte, y en el crepúsculo vi una aureola de mansa luz rodeando la cabeza del niño. Entonces se dirigió a mí con timbre argentino.
    -Es el fin. Han bajado de las estrellas a través del ocaso. Todo está colmado y más allá de las corrientes arinurianas moraremos felices en Teloe.
    Mientras el niño hablaba, descubrí una suave luminosidad a través de las frondas de las palmeras y vi alzarse saludando a dos seres que supe debían ser parte de los maestros cantores que había escuchado. Debían ser un dios y una diosa, porque su belleza no era la de los mortales, y ellos tomaron mis manos diciendo:
    -Ven, niño, has escuchado las voces y todo está bien. En Teloe, más allá de las Vía Láctea y las corrientes arinurianas, existen ciudades de ámbar y calcedonia. Y sobre sus cúpulas de múltiples facetas relumbran los reflejos de extrañas y hermosas estrellas. Bajo los puentes de marfil de Teloe fluyen los ríos de oro líquido llevando embarcaciones de placer rumbo a la floreciente Cytarion de los Siete Soles. Y en Teloe y Cytarion no existe sino juventud, belleza y placer, ni se escuchan más sonidos que los de las risas, las canciones y el laúd. Sólo los dioses moran en Teloe la de los ríos dorados, pero entre ellos tú habitarás.
    Mientras escuchaba embelesado, me percaté súbitamente de un cambio en los alrederores. La palmera, que últimamente había resguardado a mi cuerpo exhausto, estaba ahora a mi izquierda y considerablemente debajo. Obviamente flotaba en la atmósfera; acompañado no sólo por el extraño chico y la radiante pareja, sino por una creciente muchedumbre de jóvenes y doncellas semiluminosos y coronados de vides, con cabelleras sueltas y semblante feliz. Juntos ascendimos lentamente, como en alas de una fragante brisa que soplara no desde la tierra sino en dirección a la nebulosa dorada, y el chico me susurró en el oído que debía mirar siempre a los senderos de luz y nuca abajo, a la esfera que acababa de abandonar. Los mozos y muchachas entonaban ahora dulces acompañamientos con los laúdes y me sentía envuelto en una paz y felicidad más profunda de lo que hubiera imaginado en toda mi vida, cuando la intrusión de un simple sonido alteró mi destino destrozando mi alma. A través de los arrebatados esfuerzos de cantores y tañedores de laúd, como una armonía burlesca y demoníaca, atronó desde los golfos inferiores el maldito, el detestable batir del odioso océano. Y cuando aquellas negras rompientes rugieron su mensaje en mis oídos, olvidé las palabras del niño y miré abajo, hacia el condenado paisaje del que creía haber escapado.
    En las profundidades del éter vi la estigmatizada tierra girando, siempre girando, con irritados mares tempestuosos consumiendo las salvajes y arrasadas costas y arrojando espuma contra las tambaleantes torres de las ciudades desoladas. Bajo una espantosa luna centelleaban visiones que nunca podré describir, visiones que nunca olvidaré: desiertos de barro cadavérico y junglas de ruina y decadencia donde una vez se extendieron las llanuras y poblaciones de mi tierra natal, y remolinos de océano espumeante donde otrora se alzaran los poderosos templos de mis antepasados. Los alrederores del polo Norte hervían con ciénagas de estrepitoso crecimiento y vapores malsanos que silbaban ante la embestida de las inmensas olas que se encrespaban, lacerando, desde las temibles profundidades. Entonces, un desgarrado aviso cortó la noche, y a través del desierto de desiertos apareció una humeante falla. El océano negro aún espumeaba y devoraba, consumiendo el desierto por los cuartro costados mientras la brecha del centro se ampliaba y ampliaba.
    No había otra tierra salvo el desierto, y el océano furioso todavía comía y comía. Sólo entonces pensé que incluso el retumbante mar parecía temeroso de algo, atemorizado de los negros dioses de la tierra profunda que son más grandes que el malvado dios de las aguas, pero, incluso si era así, no podía volverse atrás, y el desierto había sufrido demasiado bajo aquellas olas de pesadilla para apiadarse ahora. Así, el océano devoró la última tierra y se precipitó en la brecha humeante, cediendo de este modo todo cuanto había conquistado. Fluyó nuevamente desde las tierras recién sumergidas, desvelando muerte y decadencia y, desde su viejo e inmemorial lecho, goteó de forma repugante, revelando secretos ocultos en los años en que el Tiempo era joven y los dioses aún no habían nacido. Sobre las olas se alzaron recordados capiteles sepultados bajo las algas. La luna arrojaba pálidos lirios de luz sobre la muerta Londres, y París se levantaba sobre su húmeda tumba para ser santificada con polvo de estrellas. Después, brotaron capiteles y monolitos que estaban cubiertos de algas pero que no eran recordados; terribles capiteles y monolitos de tierras acerca de las cuales el hombre jamás supo.
    No había ya retumbar alguno, sino sólo el ultraterreno bramido y siseo de las aguas precipitándose en la falla. El humo de esta brecha se había convertido en vapor, ocultando casi el mundo mientras se hacía más y más denso. Chamuscó mi rostro y manos, y cuando miré para ver cómo afectaba a mis compañeros descubrí que todos habían desaparecido. Entonces todo terminó bruscamente y no supe más hasta que desperté sobre una cama de convalecencia. Cuando la nube de humo procedente del golfo plutónico veló por fin toda mi vista, el firmamento entero chilló mientras una repentina agonía de reverberaciones enloquecidas sacudía el estremecido éter. Sucedió en un relámpago y explosión delirantes; un cegador, ensordecedor holocausto de fuego, humo y trueno que disolvió la pálida luna mientras la arrojaba al vacío.
    Y cuando el humo clareó y traté de ver la tierra, tan sólo pude contemplar, contra el telón de frías y burlonas estrellas, al sol moribundo y a los pálidos y afligidos planetas buscando a su hermana.

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