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EN LOS LIMITES DE LA REALIDAD

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viernes, 20 de julio de 2012

Angeles y Demonios


Ángeles y Demonios



Dicho así nos recuerda a la segunda novela de Dan Brown, pero nada más lejos de mi intención disertar en este blog a cerca de un “best seller”. Sin embargo si me gustaría hablar sobre un gran libro, poco conocido, que reúne en él varias singularidades e historias que lo hacen único.


El libro en cuestión se titula “Patrocinio de Ángeles y combate de Demonios”, y para conocer un poco las vicisitudes de este libro es necesario en primer lugar hablar del autor; Francisco Blasco de Lanuza. Este oscense nació en Sallent en 1595, Estudió y se doctoró en Teología, ordenándose luego como sacerdote. En 1638 fue nombrado párroco de Sandiniés.


Aquí es importante hacer una pequeña parada para entender las circunstancias geográficas e históricas que rodeaban a Blasco de Lanuza en este momento. Sandiniés se halla en el enclave del valle del Tena una región pirenaica de la provincia de Huesca que en esa época en la que es nombrado párroco se dividía geográficamente en tres “Quiñones”: el de Sallent, el de Panticosa y el de La Partacua. Este último estaba compuesto por las poblaciones de Tramacastilla, Sandiniés, Escarrilla, Piedrafita, Búbal y Saqués. Una zona en la cual sus poblaciones están a una altura entre los mil y mil trescientos metros, montañosa fría y humeda, que en siglo XVII era zona ganadera y de pastos. Una época en la que, religiosamente, se resalta la dicotomía entre el bien y el mal, entre los que están al lado de Dios, cristianos que cultivan las virtudes y los mandatos de la iglesia, y los que se hunden en la oscuridad del mal y los demonios. Estas zonas altas, ricas en hierbas silvestres, usadas por los lugareños durante siglos y que por el transcurso de los años se convierten en fiables remedios contra los males corrientes que aquejaban a la población, se convertirán en patria de sanadores y brujas. Estos prescriptores de hierbas que sanaban sin saber muy bien como, y que se rodeaban de cierto secretismo, se crecían en su éxito. Y si eran capaces de curar por medio de sus “artes”, que se mostraban infinitamente más eficaces que la fe y la oración, sería debido a que la parte contraria, el poder maligno, ostentaba su poder y curaba con facilidad. Los aquelarres y conjuros acompañaban a las pócimas, que con mezclas alucinógenas de hierbas y hongos lograban ver al mismo Satán. Estos hechos serían el caldo de cultivo de los casos de brujería y posesiones que azotaron Huesca, Navarra y País Vasco durante el XVII y objetivo principal de la Santa Inquisición española en esa época.



Aparece en este marco uno de los episodios más importantes de la brujería y la posesión demoníaca en España, las posesiones de Tramacastilla o valle del Tena. Entre 1637 y 1643 se desata un vendaval diabólico. Detrás de él un protagonista y dos colaboradores, Pedro de Arruebo, Miguel Guillén y Juan de Larrat, brujos y ganaderos, rufianes, bebedores y mujeriegos. Pedro de Arruebo era el dueño de la finca La Artosa, en Siqués. Era inteligente, astuto, audaz, caprichoso y atractivo, es de pensar que tanto él como sus compinches, sacarían buenos beneficios de todo tipo con sus actos, y sabiendo que sus víctimas eran mujeres entre once y treinta años es fácil imaginar cuales serían los favores demandados.

La Inquisición fue tras él y fue condenado a recibir doscientos latigazos y a pasar unos años en galeras, lo que implicaba prácticamente la muerte por la imposibilidad de soportar esas condiciones. Pero hay un documento que dice que Arruebo había sido visto por Madrid. Ángel Gari, antropólogo que ha estudiado en profundidad la brujería en el Alto Aragón, interpreta que, o bien se escapó, o bien en un viaje a Roma le fue perdonada la condena.



Volviendo a Blasco de Lanuza tuvo una intervención importante en el desarrollo en estos casos de posesión, hecho que le marcó posteriormente en su vida e que influenció de manera importante en el contenido de las obras que escribió. Dejó la parroquia e ingresó en la orden benedictina, fue presidente de su congregación en la provincia y abad del monasterio de San Juan de la Peña. Su influencia y popularidad fue tal, que por dos veces fue diputado del reino en Aragón.



Y retomando el hilo inicial de este artículo volvamos al libro “Patrocinio de Ángeles y combate de Demonios”. Según el autor este libro es “una ilustración de los beneficios que hacen los ángeles de la guarda a los hombres [….], y también de las astucias e impugnaciones de los demonios. “ No obstante el protagonismo de los demonios es mucho mayor, ya que en este libro se explica la experiencia del autor, durante su tiempo de párroco, en la epidemia demoníaca.

La mítica batalla celestial entre ángeles rebeldes y leales que habría tenido lugar antes de la creación del mundo, y que terminó con la derrota de los primeros y su consiguiente descenso al abismo, encontró un eco extraordinario en la Europa del siglo XVII. Según numerosos testimonios de la época, las fuerzas del bien y el mal, cuyos enfrentamientos continuaron a partir de la caída, renovaron entonces sus denodados combates con fuerza inusitada en los rincones más remotos de la Cristiandad. Para los teólogos, dicho estado de cosas constituía una prueba irrefutable de la obligación por parte de los fieles de apoyar al bando de los justos frente a los continuos e inesperados ataques de los espíritus infernales.

Estos ideas sirvieron de inspiración a Blasco de la Lanuza para la ejecución de su libro que salió a la luz en 1652 que en realidad era la continuación de otro libro anterior titulado: “Beneficios del Ángel de nuestra guardia y efectos del Gobierno de Dios invisible” 1637.



Una de las rarezas de carácter bibliográfico de este libro es que fue el único libro impreso en el monasterio de San Juán de la Peña y dicha empresa se llevó a cabo por el impresor oscense Juan Nogués (ignoro si sería pariente de Bernardo Nogués, impresor valenciano, Serrano Morales no aclara gran cosa) No sé qué razón le llevó a imprimir dicho libro en tan apartado lugar, teniendo su oficina en Huesca. Se me ocurren varias circunstancias. Tal vez por lo dilatado de la obra y para evitar dilaciones se imprimía según se escribía, o bien pudo ser debido a que el autor era el abad del monasterio, y para corregir las pruebas tipográficas necesitaba que el impresor estuviera siempre presente, o bien por tratarse en su mayor parte una obra sobre demonios, y dados los sucesos acontecidos en la zona era mejor realizar la impresión en suelo sagrado; bueno, no dejan de ser conjeturas.





Físicamente el libro es hermoso, un in-folio de 18 h + 1186 p + 42 p con el texto a doble columna encuadrado en doble cajetín, con un hermoso frontis, grabado por Orozco, donde se escenifica la victoria de los ángeles sobre los demonios. Le sigue, portada orlada, donde se lee que consagra el libro a San Miguel.



El libro está dividido en dos partes.



1ª -Libro primero: Del patrocinio de los ángeles y de los favores qve hazen a los hombres desde sv principio, hasta la mverte”



Parte primera: “Prvevase qve Dios envía a ángeles santos, para qve gvarden a los hombres.

Parte segunda: tratase del modo, qve esta distribvyda la cvstodia de ángeles, por hombres, y por otras criatvras.

Parte tercera: Tratase, de los beneficios, devociones, virtvdes, y otros efectos, que obran la asistencia del Ángel Cvstodio en el hombre.



2ª- Libro segundo: Del combate de demonios; insinvanse la contra cvstodia, qve pone Lucifer, y la persecvcion de sus ministros. Es una ilvstracion de la competencia altiva de Luzifer con Dios; de las astvcias; con que se persigve al hombre.

Parte primera: Trata de la contra cvstodia, que pone el principe de los demonios.

Parte segunda: Trata de las Transfigvraciones , revelaciones, y tentaciones de los demonios.

Parte tercera: Trata de los maleficios de los demonios, y de los efectos, qve obran sus ministros.


En esta última parte Francisco Blasco de Lanuza da una explicación detallada de los sucesos de Tramacastilla a partir del capítulo diecinueve.
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