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EN LOS LIMITES DE LA REALIDAD

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lunes, 22 de noviembre de 2010

Demonios conocidos en la tradición judeo-cristiana



De Aa a la Az
Aamon: Uno de los tres demonios al servicio de Satanachia, también conocido como Mammon. Su nombre significa riquezas, induciendo a la avaricia. Se dice que es regente deInglaterra.
Abaddon: (El Destructor) en el libro de las Revelaciones (Apocalipsis en las biblias católicas), es el ángel o estrella del abismo sin fondo que encadena a Satán por mil años. Se dice que fue el ángel invocado por Moisés para que enviara la terribles lluvias que arrasaron Egipto. En muchos libros apócrifos, Abaddon es considerado una entidad demoniaca, como en Ángel de la Muerte, como un demonio del Abismo.
Abaddona: (El Arrepentido) Uno de los Serafines rebeldes, que más tarde se arrepintió de su pecado contra Dios.
Abezi-Thibod: Uno de los príncipes infernales que rigen Egipto, quien luchó contra Moisés y endureció el corazón del Faraón contra este. De acuerdo al Testamento de Salomón, era hijo de Beelzebub.
Abigor: Demonio Superior, Duque de los infiernos, hermoso caballero que lleva lanza de estandarte o cetro y cabalga sobre un monstruo alado. Manda 60 legiones infernales. Conoce el porvenir, los secretos de la guerra y el arte de hacerse amar por sus soldados.
Abraxas: El más antiguo de los dioses, según ciertos sirios y persas, su nombre está compuesto de las 7 letras griegas cuyo valor numérico es igual a 365. Los Basilidianos, herejes del siglo II, le hacían el jefe de 365 genios que regían los días del año. Había enviado a Cristo a la tierra como un "espectro benévolo". Su nombre ha dado al Abracadabra mágico llevado como filactería. En demonología ha pasado a ser un demonio coronado, con cabeza de gallo, grueso vientre, pies de serpiente y cola raquítica, que lleva un látigo. También conocido como Abracax.
Adirael: Uno de los ángeles caídos, al servicio de Beelzebub.
Addu: El Dios Babilonio de la Tormenta, también llamado Adad.
Adramelech: Presidente del alto consejo de los diablos, intendente del guardarropa de Satán. Se le representa bajo forma de mula con torso humano y cola de pavo real. En Sefarvaïm, en Asiria, se le consideraba el Dios Sol y se quemaban niños en sus altares, en honor a esta Deidad. De acuerdo a otros textos, a Adramelech, en la jerarquía infernal, le corresponde el octavo sitio en los diez Sephitots malignos del Árbol de la vida.
Agalariept: Gran general del infierno, comandante de la segunda legión, tiene el poder de descubrir todos los secretos.
Agares: Gran Duque de las regiones del este del infierno. Comanda 31 legiones. Él otorga propiedades, poder, títulos, incita al baile y enseña todos los lenguajes. Perteneciente al Orden de las Virtudes, se muestra bajo la forma de un Lord Benevolente, montando un cocodrilo y llevando un halcón en su puño.
Agramainio: El gran espíritu de la maldad, orado por Guiosue Carducci en su himno a Satán ("Inno a Satána" 1863).
Agramón: Demonio del miedo.
Ahharu: En Demonología Asiria se tratan de malvados vampiros.
Aini: Poderoso Duque infernal que se representa de un hombre hermoso, con tres cabezas, la primera como de serpiente, la segunda de hombre, con dos estrellas en la frente, y la tercer cabeza, como de gato. Monta una serpiente y carga un atizador flameante con el que causa destrucción. Suele dar la respuesta verdadera, en cuanto a temas de importancia.
Alastor: Genio malhechor para los antiguos. Demonio severo, que encarna la némesis y la felicidad. Algunos lo confunden con Azazel, otros con el ángel exterminador y otros con Raum.
Alocer: Gran Duque de los infiernos, representado en caballero cornudo con cabeza de león. Manda 36 legiones. Su caballo con patas de dragón es enorme. Enseña los secretos del cielo y de las artes liberales.
Alouqua: Un demonio femenino, que también es un sucubo y un vampiro, que cansa a los hombres y los conduce al suicidio.
Amducias: Gran Duque infernal. Manda 29 legiones. Tiene cabeza de unicornio, pero aparece bajo forma humana y da conciertos invisibles. Los árboles se inclinan a su voz.
Amón: También conocido como Aamón, es Marqués de los Infiernos. Manda 40 legiones. Cabeza de lobo vomitando llamas, cola de serpiente. A veces aparece con cabeza de búho y cuerpo humano. Conoce el pasado y el futuro.
Amudiel: Un ángel caído.
Amy: Uno de los ángeles caídos, en un tiempo perteneciente al Coro de los Ángeles y al Coro de los Poderes. Esta entidad enseña los secretos de la astrología y las artes y le reveló a Salomón que volverá a su gloria en el cielo, dentro de 1200 años.
Ananel: Perteneciente al Orden de los Arcángeles, enseñó a pecar a los seres humanos.
Andras: Marqués de los infiernos. Manda 30 legiones. Cabeza de mochuelo, cuerpo desnudo de ángel alado, cabalga sobre un lobo negro y blande una espada.
Araxiel: Uno de los ángeles caídos.
Araziel: Uno de los ángeles que sostuvo relaciones prohibidas con las hijas de los hombres.
Arioch: Demonio de la venganza, diferente de Alastor. Únicamente es vengativo cuando es contratado para hacerlo.
Asbeel: Uno de los ángeles caídos.
Asderel: Uno de los ángeles caídos, que le enseñó a los seres humanos el misterio de la Luna.
Asmodeo: Identificado a veces con Samael, la serpiente que sedujo a Eva. Príncipe de los infiernos con tres cabezas: de toro, de hombre coronado con aliento de fuego y de carnero. Pies de oca y cola de serpiente. Cabalga un dragón y manda 72 legiones. Superintendente de las casas de juego, siembra el error y la disipación. Fue vencido por el Rey Salomón, quien le obligó a ayudarle a construir el templo. Este demonio aparece por primera vez en el libro apócrifo de Tobit, cuando el demonio se enamora de una mujer llamada Sarah, hija de Raquel, quien ya estaba casada con 7 hombres. El demonio, celoso, comenzó a matar a cada uno de los maridos de Sarah, hasta que ella le pidió ayuda a Dios y este mandó al Arcángel Rafael a derrotar al poderoso demonio.
Astaroth: Astaroth es el nombre otorgado a un varón, por la encarnación medieval de una poderosa Diosa-Demonio, de nombre Astoreth. Archiduque del occidente de los infiernos. Representado como un ángel coronado, desnudo enclenque sosteniendo una víbora en la mano izquierda y cabalgando a lomos de un dragón. Tesorero infernal, ve el pasado, el presente y el porvenir; detecta los deseos secretos y concede protección a los grandes. Adora hablar acerca de la gran caída de los Ángeles, y dice haber sido castigado injustamente, alegando que un día recuperará su lugar entre los ángeles del cielo, como el príncipe de los Tronos que solía ser. De acuerdo al Grimorium Verum, Astaroth reside ahora en América.
Ayperos: Príncipe de los infiernos, comanda 36 legiones. Se reprensenta como un buitre o como un águila.
Azazel: Uno de los Jefes de los doscientos ángeles caídos, según el primer libro de Enoch. En el libro el Apocalipsis de Abraham, se describe a Azazel como un demonio terrible con 7 cabezas de serpiente, catorce caras y doce alas. Antes de su caída, pertenecía al Coro de los Ángeles.


Ba - Bu
Baal: Gran Duque del infierno. Reina en la parte oriental, manda 66 legiones, tiene tres cabezas: gato, hombre coronado y sapo. Su torso lomudo termina en patas de araña. Hace invisibles y astutos a aquellos que le invocan. Divinidad principal de los babilonios, de los caldeos, de los fenicios y de otros pueblos orientales. Se le sacrificaban terneras y bueyes, y las mujeres se prostituían en su honor. Dios Jehová lo destronó y mandó al infierno.
Baalberith: Demonio del segundo Orden. Jefe secretario y activista del infierno. Se le ubica entre los más poderosos príncipes del infierno. Originalmente era un Dios Fenicio (Caananita). Fue el demonio que poseyó a una monja Ursulina en Provenza en 1610.
Baalzephon: Capitán y guardia de los centinelas del infierno.
Bäel: Demonio citado en el Gran Grimorio, y cabeza de los poderes infernales. Primer monarca del infierno. 66 legiones le obedecen, tiene tres cabezas: de humano, de cangrejo y de gato.
Badariel: Uno de los ángeles caídos.
Balan: También conocido como Balam, Baalam y Balemm, es un ángel caído perteneciente al Orden de las Nominaciones, es muy fácil de invocar y prácticamente inofensivo. Como muchos de su especie, responde preguntas acerca del pasado y el futuro. Enseña la astucia y la fineza a aquellos que se lo piden. Se representa como un ser de tres cabezas, toro, hombre con ojos de fuego y carnero. Más a menudo, desnudo y cornudo, con un gavilán en el puño y montando un oso.
Balban: Demonio del engaño.
Baphomet: Véase Baphomet
Barakel: Uno de los ángeles caídos.
Barbatos: Perteneciente al Orden de las Virtudes, entiende el canto de la aves y el lenguaje de los animales. Es un gran Conde y Duque que aparece cuando el sol se encuentra en Sagitario, con 4 Reyes nobles y 3 escuadrones.
Barbu: Demonio que posee el secreto de la piedra Filosofal.
Basasael: Uno de los ángeles caídos, antes perteneciente al Orden de los Arcángeles.
Bathym: Duque de las regiones infernales. Se presenta como un hombre robusto, pero su cuerpo termina en cola de serpiente. Comanda 30 legiones y puede teletransportar a los hombres a dondequiera que deseen ir.
Behemoth: Buey colosal y maravilloso que los judíos decían reservado para la comida del mesías. Le Edad Media hizo de él un demonio enderezado.
Belfegor: También conocido como Baalfegor, adorado por los moabitas en el Monte Fegor. A veces como mujer joven, más a menudo como demonio cornudo y horroroso, sentado y desnudo. Distribuye las riquezas y las invenciones ingeniosas. Los rabinos precisan que se le rendía homenaje sobre la silla agujereada.
Belial: O también Beliar, fue rey de los infiernos, creado después de Lucifer y uno de los más poderosos, uno de los primeros en revelarse. Antes perteneciente a la Orden de las Virtudes y de los Arcángeles, ahora es el más vicioso de los demonios, muy atractivo. Aparece sobre un carro de fuego. El apocalipsis le menciona llamándole "La Bestia".
Beleth: Antes perteneciente a la Órden de los Poderes, este poderoso demonio, es un gran y terrible rey de los infiernos, cabalgando un caballo pálido. Cuando cabalga se escuchan los sonidos de melancólicas trompetas. Se le debe de recibir cortésmente y con homenaje, o su furia se hará sentir. Comanda 85 legiones y es un temido guerrero.
Beelzebu: También conocido como Belzebú y Beelzebub, este demonio es el Príncipe de los demonios. El primero después de Satán. El señor de las moscas y cuya apariencia toma a veces colosal; de rostro hinchado, coronado con una cinta de fuego, cornudo, negro y amenazante, peludo con alas de murciélago. La tradición Siria dice que es el rey de los demonios. En el Evangelio de Nicodemus VII (XXIII), se narra como a la muerte de Jesus, Satán y Beelzebub orquestarón un plan para traer el alma de Jesús a los infiernos, siendo Beelzebub el primero en enfrentar al alma de Jesús; Jesús Cristo, derrotó a Beelzebub con solo su voz, y después de que Beelzebub se tornara en contra de Satán después de la derrota, Jesus le ordenaría a Beelzebub dejar a Satán en paz, diciéndole que él seguiría siendo el Rey del infierno, hasta el fin de los tiempos. Una vez que se le invoca a Beelzebu, es extremadamente difícil deshacerse de él. Es el director de las nueve Jerarquías infernales, que están debajo de la primera, regida por Samael o Satanás. Entre sus títulos, está el de El Señor de las Moscas.
Beqa: El nombre original de Satánás, antes de pecar contra Dios y ser vencido por Miguel. Su nombre pasó a ser Kasbeel y luego Satanail, de donde procede Satán, su versión más corta y significa "Adversario".
Berith: Demonio que, según ciertos alquimistas, era capaz de cambiar todos los metales en oro. Aparece cabalgando un caballo rojo y vistiendo un uniforme de soldado con una corona dorada. Su voz es persuasiva, pero es un mentiroso altamente notorio Berith invocado, cumple el trabajo de cualquier ser humano por veinte años, pero después de esos veinte años regresa a su invocador para cobrarle su recompensa.
Biffant: Comandante de una legión, fue exorcizado del cuerpo de la joven Denise de la Caille.
Bitru: Gran príncipe de los infiernos, que se aparece con forma de un leopardo alado. Cuando aparece en forma humana es una de enorme belleza. Comanda 70 legiones y se encarga de despertar la lujuria en los hombres.
Botis: Un gran presidente del infierno, que se aparece en la forma de una horrible serpiente. Su forma humana es con enormes dientes y cuernos. Está al servicio de Agaliarept.
Buer: Demonio secundario que manda 50 legiones. Cabeza de león , cinco patas de machocabrío en estrella (avanza girando sobre sí mismo), experto en medicina, otorga felicidad doméstica y salud al enfermo. Está al servicio de Agaliarept.
Bune: Es un dragón de tres cabezas, Gran Duque de los infiernos, comandante de 30 legiones. Habla solo por signos y suele tomar forma de un hombre ordinario enriquece a todos aquellos que le sirven. Los demonios bajo su autoridad son llamados Bunis, su número es inmenso y poseen un enorme poder.
Busasejal: Uno de los doscientos ángeles caídos.
Busta: El mas poderoso de los demonios infernales, posee habilidades como el mismisimo Dios Jehová. Según las Escrituras, Es conocedor del bien y el mal, el pasado, presente y futuro. Este demonio, existió hace muchos años, pero ha vuelto, para liberanos del juicio final, a un ser de raza aria, que tiene los pensamientos de Adolf Hitler, el puede decidir el destino el mundo, con tan solo una risa diabolica, En la hora del juicio final, Busta nos liberará a todos de este mundo y nos transportará a su reino infernal de gloria eterna.


Ca a Fu
Caacrinolaas: Otro Gran presidente de los infiernos, manda 36 legiones. Él inspira el conocimiento e incita al suicidio.
Caballeros de L´Enfer: Estos demonios son más poderosos que los demonios sin rango, pero mucho más débiles que los demonios con título.
Cambion: De acuerdo a Bodin y De Lancre, estos pequeños demonios son el preludio a los Sucubos e Incubos. Se dice que estos demonios son más y amables y considerados con los seres humanos, que los de otras especies.No muestran signos de vida hasta que cumplen 7 años de edad, y escogen a un ser humano para entrenarlo y hacerlo su sirviente.
Carrnivean: Demonio, antiguo príncipe de la Órden de los Poderes.
Catabolignes: Demonios que asesinan humanos, capaces de destruir a los hombres y hacer lo que quieran con ellos.
Caym: Gran Amo del infierno, aparece como un hombre elegante con alas de Mirlo. Comanda 30 legiones y es uno de los más sabios en el infierno. A través de sus argumentos logra la desesperación de quienes le escuchan.
Charun: El demonio etrusco de la muerte, que atormenta el alma de los muertos en el más allá.
Chobabiel: Uno de los ángeles caídos.
Cimeries: Poderoso Marqués que aparece como un valiente soldado montando un caballo negro. Puede hacer que un hombre parezca un soldado de su propia clase (demonio). Es el gobernante de los espítirus errantes en África, puede encontrar tesoros y cosas ocultas, enseña vocabulario, logica y retórica.
Crocell: Un ángel caído, ahora un duque de las regiones infernales donde manda 48 legiones infernales.Pertenecía al Coro de los Poderes.
Ciciupipiltin: Demonio vampiro.
Dalhan: Demonio que se oculta en los desiertos y devora viajeros.
Dalkiel: Uno de los príncipes infernales, regente de Sheol, asistente de Duma, el ángel de la "Quietud de la Muerte".
Dantalian: Duque de los infiernos, que se aparece con forma de nombre, con muchos rostros, de hombre y de mujer, sosteniendo un libro en su mano derecha. Enseña las artes y las ciencias, y revela todos aquellos consejos secretos, para todos los pensamientos humanos y también los puede cambiar a voluntad. Es un ser despiadado y puede enseñar por medio de visiones, lo que cualquier humano puedo haber llegado a ser, dependiendo las circunstancias de su vida.
Decarabia: Un Marques. El sabe de las propiedades de todas las hierbas y de todas las piedras.Vuela como un pájaro ante el exorcitas, y se esconde de él, e incluso vive con él, comiendo y cantando como las demás aves, sin que noten su presencia.
Dev: En la mitología persa, un demonio de enorme poder. Sin piedad e inmoral Dios de la guerra.
Duende: Espíritu juguetón que a veces atormenta a los hombres. senor de muy vieja edad con un sonbrero muy puntudoDemonio, su asamblea es presidida por Beelzebu.
Duma: El ángel protector de Egipto, príncipe del infierno, el cual tiene miles de ángeles de destrucción bajo su mando. Es también ángel del silencio, de la quietud de la muerte.
Eblis: El Satán de los Musulmanes, su nombre se deletrea como Iblis y significa "Desesperación".
Eisheth Zenunim: Una de las mujeres de Samael y madre de la bestia Chiva. Eisheth Senunim, se conoce como la ramera en la Cábbala y madre de la prostitución.
Eligor: Gran duque, representado como un buen caballero, que porta una lanza. Descubre cosas ocultas, causa la guerra, arma los ejércitos, provoca el amor mal sano y la perdición en la lujuria.
Empusa: Demonio del mediodía que aparece sobre todo en el mes de agosto y rompe los huesos de todo aquel que se niegue e venerarle. En sentido amplio, espectro vampiro.
Ertrael: Uno de los ángeles caídos.
Estolas: Gran príncipe de los infiernos que manda 26 legiones. Aparece como búho coronado de tres largas patas o como hombre que enseña la astrología y el valor de las plantas y las piedras preciosas.
Eurynome: Demonio perteneciente al Alto Orden. Con enormes colmillos y piel de zorro. Príncipe de la muerte también llamado Eurinomos.
Ewah: El es un demonio. La simple vista de Ewah causa la locura.
Flauros: Gran General del infierno, se aparece con forma de leopardo y en su forma humana, tiene un rostro horrible y los ojos color rojo. Incita a los demonios y espíritus a atacar a sus enemigos los exorcistas. Comanda 20 legiones, y conversa gustosamente de la creación del mundo y de la caída de los angeles... incluyendo su propia caída.
Fleuretty: Teniente de las huestes infernales.
Focalor: Poderoso duque, con forma de un humano alado. Controla los vientos y el mar, ahoga a los hombres y hunde a los barcos. Espera volver a su gloria en la Orden de los Tronos dentro de 1050 años.
Foras: También llamado Forcas, Gran presidente y caballero del infierno, comandate de 29 legiones. Conoce las propiedades de las piedras y las hierbas, enseña logica, retorica, quiromancia, piromancia. Puede hacer a un hombre invisible e inteligente en el uso de las palabras, además de poder localizar objetos perdidos y tesoros escondidos. Se le describe como un hombre viejo, de cabello largo y barba blanca.
Forau: Demonio al servicio de Sargatanas.
Forneus: Gran Marques aparece como un monstruo del mar. Enseña las artes y las ciencias, da buena reputación a los hombres y les enseña el conocimiento de las lenguas, además de hacerlos seres amados por sus enemigos y por sus amigos por igual.
Furcas: Un duque del infierno, que aparece como un cruel hombre viejo, de cabello canoso y una barba muy larga, cabalga un caballo largo y tiene en la mano derecha una lanza afilada. Comanda 20 legiones, y enseña filosofía, retorica, quiromancia, piromancia, logica perfectamente en todas sus partes.
Furfur: Un gran conde del infierno, que hablará únicamente cuando completen el triangulo (de la invocación), cuando esto sucede, toma la forma de un ángel y habla con una voz ronca. Comanda 26 legiones y crea truenos, relámpagos y viento; sabe respuestas a preguntas secretas y ocasiona el amor entre hombre y mujer.


Ga - Lu
Gaap: Un ángel caído, ahora gran príncipe del infierno, con 66 legiones de espíritus infernales a su cargo. Antes de su caída, pertenecía al Coro de los Poderes.
Gadereel: Ministro de Satánás. Este Demonio, en libros apocrifos, se supone que fue el que se convirtió en serpiente y tentó a Eva, en lugar de Samael.
Ghaddar: Un demonio del desierto cerca, del Mar Rojo. Devora los genitales de los viajeros.
Ghoul: O Ghul, en las supersticiones orientales, se trataba de un espíritu o espectro, que chupaba la sangre de los vivos y que desenterraba cadáveres, para acto seguido, devorarles el corazón. Demonios carroñeros.
Gian Pierre: Demonio altamente horrible con caracteriscas babientas y una gran nariz brillante. Algunas Leyendas cuentan que este demonio se dedicaba a asustar a los niños emitiendo sonidos parecidos a los de un sapo, también se dice que debido a una batalla con el arcangel Afrodito perdió un pedaso de colmillo al cual siempre lo busca por las noches pidiendo comida.
Golab: Su nombre significa incediarios, ángeles caídos, enemigos acerrimos de los serafines contra los cuales batallan constantemente. También es el nombre de una de las Sephirots (Séfiras) Maleficas al reverso del Árbol de la Vida.
Goap: Príncipe de la región oeste del infierno.
Gomory: Un poderosos duque del infierno, que aparece como una hermosa mujer. Descubre el pasado, presente y futuro, encuentra objetos perdidos y procura a las mujeres y a las jovencitas.
Gurson: Rey establecido, del sur del infierno.
Guseyn: Demonio al servicio de Agaliarept.
Guta: Un mortal demonio Húngaro, que golpea a sus víctimas hasta la muerte
Haborym: Demonio del fuego y del holocausto. Es un duque del infierno que comanda 26 legiones infernales, con tres cabezas, de humano, de gato y de serpiente. Lleva consigo una antorcha.
Hakael: Uno de los ángeles caídos, conocido como el séptimo Satánás.
Hantu Pusaka: Demonio del Himalaya
Hantu Penyardin: Vampiro del Himalaya.
Hivvah: Hijo de Semyaza.
Hyyah: El otro hijo de Semyaza.
Iadalbaoth: Para los Gnosticos, este era el primer arcón o espíritu obscuro.
Incubo: En la Europa Medieval, un Incubo era un demonio masculino (la contraparte del Sucubo), que visitaba a las mujeres en sus sueños y, después de seducirlas, tenían relaciones sexuales con ellas en esos sueños. Las mujeres que caían víctimas del Incubo no podrían pararse. Otra leyenda dice que les quitaba el alma mediante el sexo. La víctima del Incubo podía quedar embarazada y el hijo crecía como un humano normal, solo que desarrollando habilidades mágicas. Al crecer, el niño podría convertirse en un poderoso Hechizero o en un ser de gran maldad. Una vieja leyenda dice que el Hechizero Merlín era el producto de la unión de un Incubo con una Monja. Otra leyenda dice que El incubo y el Sucubo eran ángeles caídos. En latín, Incubo significa "Pesadilla".
Jeqon: Uno de los principales ángeles rebeldes, que tentó a los demás ángeles al pecado.
Kasbeel: Su nombre significa "El que engaña a Dios" y es el ángel vencido por Miguel, que posteriormente sería renombrado como Satánás.
Kasdaya: Uno de los principales angeles rebeldes.
Kingu: Demonio de Mesopotamia, que se volvió el consorte de la Diosa Tiamat.
Larsson: Su nombre significa: "devastador de almas". Comanda 13 legiones infernales.
Leonardo: Amo de los Sabbats. Este demonio es del Primer Orden y es el Inspector de Magia Negra y Hechizeria.
Leraie: Gran Marques del infierno, comanda 30 legiones. Se aparece con la forma de un arquero. Hace que las heridas por arco de flecha comiencen a podrirse.
Leviathan: Monstruo del que habla la Biblia (AT, ver a Jonas). La tradición rabínica hace de él un demonio androgino. Tiene el grado de Gran Almirante. Este demonio era la enorme ballena que aparecía en las leyendas de los hebreos. Él es el Amo Demonio de los Océanos, ningún arma hecha por los hombres podía lastimarlo, también era el Rey de las Bestias, temido por los hombres . Se le asocia comúnmente con el Tiamat de Babilonia y la Hidra de Grecia.
Lilith: Lilit (Is 34,13) es una deidad hembra de Babilonia que dio origen a la leyenda judía de esposa-demonio de Adán. En Mesopotamia tenía mucha importancia la creencia en los seres sobrenaturales o deidades y espíritus de los muertos o muertos vengativos. Los primeros podrían ser de muchas clases: monstruos que acechaban en lugares desérticos; labartu, demonio femenino de las montañas; Sedu y Lamassu, seres ambivalentes que podían actuar como espíritus tutelares o como espíritus maléficos; Namtaru era el demonio de la peste; Pazuzu era un demonio del viento; Lilitu (de la que se deriva Lilit, "Bruja Nocturna" del AT) era un demonio súcubo que visitaba a los hombres por la noche. Los rasgos de estos seres son terroríficos.

Es representada como una mujer hermosa desnuda con alas y con garras en lugar de pies. Según la Cabbala, una entidad demoniaca, que goza en matar niños pequeños. Fue la primer esposa de Adán, creada de la tierra al igual que él. Ella no acepto servir a Adán y escapo del jardín del Eden. Dios mando a sus angeles, para tratar de disuadirla, pero ella se rehusó a seguir con Adán y Dios la maldijo, haciendo que todos los hijos que ella pariera, morirían. Lilith paría hasta cien hijos por día. Ahora Lilith, es la consorte del demonio Samael, con quien procrea cientos de demonios. Antes de convertirse en la Señora de los Demonios, durmió una noche más con Adán, de donde dicha unión nacieron Shedim, Linin y Ruchin.
Lehahiah: Un ángel caído, el cual en un tiempo fue uno de los setenta y dos ángeles de la SheHamphora.
Lucifer: Este nombre significa el dador de luz y es erróneamente adjudicado a Satanás. Esto se debe a un pasaje en el libro de Isaías, donde el profeta menciona a Lucifer como un ángel caído y el hijo de la mañana. Isaías estaba aludiendo al Rey Nabucodonosor en esta descripción, según autoridades rabínicas. El nombre en realidad se refiere a la estrella del amanecer o del atardecer, lo que lo relaciona con Venus. En el Cristianismo, Lucifer y Satanás son la misma entidad, debido a la identificación hecha por algunos de los padres de la Iglesia, como San Jerónimo. Existen leyendas que dicen que Lucifer fue el primero de los ángeles caídos, no Satán, y que él es quien gobierna los infiernos. En el Luciferismo, se le adora a Lucifer considerándolo el ángel de la luz, que debe liberar al hombre de la servidumbre del Creador. Ha de distinguirse del Satanismo, más vulgar y a menudo inmundo.
Lucifuge: También conocido como Lucifuge Rofocale, es una de las más poderosas entidades infernales, donde actúa como Primer Ministro. Tiene control sobre los tesoros y las riquezas del mundo. Rehúye de la luz, y solo logra hacerse de un cuerpo en las noches.


Ma - Ri
Malfas: Gran presidente de los infiernos, manda 40 legiones. Aparece como cuervo. Edifica ciudadelas inexpugnables y derriba fortificaciones enemigas. A menudo engaña a quienes le rinden homenaje.
Marbas: Demonio presidente que aparece como un majestuoso león y después con forma humana.Imparte habilidades mecánicas, responde con verdad preguntas secretas, causa y cura enfermedades, y transforma a los hombres en varias formas. Está al servicio de Lucifugo.
Mara: Una entidad que se identifica con Satanás en el Budismo.
Marchosias: Un ángel caído que preside en el infierno como un marqués. Pertenecía al Orden de las Dominaciones.
Mashit: Una entidad infernal, encargada de castigar en el infierno, a los que cometen asesinatos, incesto e idolatría. Su nombre significa "Destructor" y una de sus misiones, es llevar a cabo la muerte de los niños.
Mastema: Según los Jubileos, fue este el demonio que puso a prueba la lealtad de Abraham hacia Dios (no Samael). Algunos creen que este es solo otro nombre otorgado a Satán Se dice que él provocó la primera muerte de todos los recién nacidos en Egipto, y en atentar contra la vida de Moisés (en lugar de Dios), que también incitó al pueblo egipcio a perseguir a Moisés y a su pueblo por el desierto, para después matarles. También según los Jubileos, Mastema es un sirviente de Dios, su misión es tentar a los hombres; él no inicia el proceso de pecar, solo guía a los hombres, para después acusarlos frente al trono de Dios. Como el Satán del AT, su función es tentarlos y, si resisten los hombres las pruebas, serán dignos del cielo Según los Jubileos, Mastema le pidió a Dios que le otorgara parte de los espíritus condenados, para que ellos obedecieran su voluntad y así cumplir mejor su misión en contra del hombre... Dios le otorgó una décima parte de los espíritus para que obedecieran su voluntad, mientras las otras nueve partes permanecieron condenadas en el lugar del juicio final. Se dice que es el padre de todo mal, pero que aun así, es servidor de Dios. Es el ángel que acusa y sirve a Dios como tentador y príncipe del mal, de la injusticia y de la condenación.
Mefistófeles: Un arcángel caído y uno de los siete poderes infernales. Antes de su caída era uno de los asistentes del ángel Sadkiel y uno de los regentes del planeta Jupiter. En la obra "Fausto de Goethe", es Mefistofeles el que actúa de embajador de Satanás y firma un pacto satánico con Fausto. En otras leyendas se dice que es uno de los tres maestros del infierno, junto a Satán y Lucifer.
Merihim: Demonio príncipe cuyo poder principal reside en la peste.
Mullin: El Teniente de Leonardo.
Naamah: Uno de los cuatro ángeles de la prostitución, y una de las mujeres del terrible Samael. Esta se conoce como la madre de los demonios y fue una de las que corrompiera a los ángeles caídos y su líder Semyaza. Se dice que ocasione epilepsia a los niños.
Nebrios:Mariscal del infierno, que tiene el poder de lastimar y de predecir eventos futuros.
Nelchael: Un ángel caído, en un tiempo, uno de los setenta y dos ángeles ShemHamphora perteneciente al Coro de los Tronos.
Nefilin: También llamado Nephelin, o Nephillim, estos son los hijos gigantes de los ángeles caídos.
Nergal: Otro demonio secundario, aliado de Beelzebub. Nergal originalmente, era una deidad Sumeria, antes de ser demonolizado por los Teologos Europeos de la edad Media.
Og: Uno de los gigantes descendientes del ángel caído Semyaza.
Olivier: Uno de los ángeles caídos, perteneciente al Coro de los Arcángeles
Orgeuil: Uno de los demonios que fueron exorcizados de Elizabeth Allier en 1639 por Francois Faconnet. Los dos demonios que vivieron dentro de esta mujer por más de veinte años, lograron poseerla por medio de una costra en un pan que ella introdujo en su boca a la edad de 7 años. El nombre del otro demonio que la poseyó, es Bonifarce.
Orias: Marques que aparece en la forma de un león cabalgando un caballo, tiene una cola de serpiente y lleva en su mano, dos viboras. Enseña las virtudes de los planetas y sus mansiones. Es el demonio de la adivinación.
Ouza: También Uzza, uno de los ángeles caídos.
Paul Cabrademonte: Tambien conocido como "el demonio resorte", esta bestia horripilante tiene una historia muy tragica, ya que segun los historiadores y demonologos dicen que este demonio en un enfretamiento muy duro con la bestia celestial Moby Dick fue mordido en la pierna derecha, la cual lo dejo cojo por las eternidades. Algunas leyendas cuentan que dicho demonio tuvo algunas reuniones con el desagradable demonio con olor y aliento de sapo "Gian Pierre", para que le ayude a encontrar el pedaso de colmillo perdido por este.
Paymon: Un gran Maestro de ceremonias en el infierno, leal a Lucifer. Antes perteneciente a la Orden de las Dominaciones. Habla con voz ronca, enseñas todas las artes, ciencias y secretos, otorga y confirma dignidades. Tiene a su mando, 200 legiones infernales.
Pazuzu: Tormenta del sur oeste que causa enfermedades. Este es un demonio alado temido en Mesopotamia. Los Mesopotamicos creían que vivía en el desierto.
Peneme: También Penemue, uno de los ángeles caídos, el cual enseñó a los seres humanos, el arte de escribir con papel y tinta
Perrier: Un ángel caído, perteneciente a la Orden (o Coro) de las Principalidades.
Philotanus: Segundo en la orden de los demonios, y asistente de Belial. Induce a los hombres a cometer actos de Sodomía y Pederastía.
Rabdos: Un poderoso ángel caído, que se dice, puede detener el curso de las estrellas.
Rahab: El ángel caído de las profundidades del mar... se le considera un ángel caído.
Raum: Conde devastador de los infiernos. Su forma es la de un cuervo, pero también suele tomar forma humana. Encuentra tesoros y destruye ciudades y dignidades.Comanda 30 legiones.
Rimmon: Un ángel caído.


Sa - Zi
Salamiel: Uno de los ángeles caídos, miembro de los Grigori o Guardianes que a menudo, se identifica con Satánail.
Samael: Jefe de todos los Satánes.También conocido como el "Veneno de Dios", este título le es otorgado, porque cumple con las ejecuciones de muerte, que Dios le comanda, lo cual a menudo, hace que se le asocie con el Angel de la Muerte. Confundido erróneamente con el Arcangel Camael, este demonio es, para los Judíos, el Príncipe de los Demonios. En la tradición rabínica, él es el demonio de la Tormenta.

Samael, también asociado con Satán, fue, al principio de la creación, el más poderoso de los Tronos-Angeles, y se dice que tiene 12 alas. Cuando los angeles cayerón a los infiernos, hicieron un plan de venganza contra Dios, para destruir su más preciada creación, el hombre, pues los demonios estaban celosos de que el hombre pudiese darle el nombre a todas las criaturas, sin contar que desde el comienzo, ellos estaban en contra de la idea de la creación del hombre. Samael fue el demonio que tentó a Eva, poseyendo el cuerpo de una serpiente. Una leyenda dice que Adán y Eva eran seres inmateriales, y como Samael, está relacionado con todos los placeres y maldad relacionados a la materia, convenció a Adán y Eva, de hacerse de cuerpos materiales, para que así pudiesen morir.

En otra historia se cuenta que Samael intentó que Abraham no sacrificara a Isaac, haciéndolo dudar, para que así decepcionase a Dios, pero Abraham hizo caso omiso y Samael, en venganza, le contó a Sarah que Isaac estaba siendo asesinado por Abraham, así ella murió de horror y decepción. Es regente de los Olipoth, del Árbol de la vida, y su consorte es Lilith, con la cual, según muchas leyendas, procrea cientos de demonios. Rige la violencia y la destrucción. Una de las tradiciones Rabínicas dice que es el ángel que preside el quinto cielo.
Sameveel: Uno de los doscientos ángeles caídos.
Saraknyal: Uno de los doscientos angeles caídos.
Sargatanas: Brigadier del Infierno.
Sartael: Un demonio que se encarga de encontrar cosas escondidas.
Satánachia: Gran General del infierno.
Satánail: Según libros apocrifos de Enoch, este fue el nombre que Dios le dio al gran Ángel Beqa, después de su rebelión. Más tarde, Satanail, pasó a ser conocido como Satanás.
Seere: Poderoso príncipe, que gobierna el Este. Se aparece bajo la forma de un hombre hermoso, descubre todos los engaños, puede transportar lo que sea en menos de un parpadeo, y hace que todos los eventos pasen rápidamente. A él no le importa el bien o el mal, hará la voluntad de aquel que le comande.
Semyasa: El jefe de los doscientos ángeles caídos, pertenecientes a los Grigori. Se dice que está colgado entre la Tierra y el Cielo, y forma la constelación de Orión.
Shamdan: El padre de Asmodeo, nacido de su unión pecaminosa con Naamah, la hermana Tubal-Caín, quien llevó a los ángeles caídos a la perdición, con o sin su belleza.
Shax: Gran Marqués, que destruye el sentido de la vista, del oído y del entendimiento de cualquier hombre o mujer, de acuerdo a la voluntad del controlador (mago, invocador, exorcista).

Encuentra objetos perdidos, siempre y cuando no estén bajo del poder de algún otro espíritu. Se dice que suele robar las chequeras de los reyes, y regresa el dinero pasados 1200 años. Tiene que ser comandado correctamente al triángulo, si no, destruirá al invocador.
Sorath: Una entidad infernal, que rige el 666, el número de la Bestia según el libro de las Revelaciones.
Súcubo: En la época Medieval en Europa, un demonio femenino que visita a los hombres en sus sueños y tienen relaciones sexuales, de una forma fantasmal, con ellos. El hombre que cae víctima del Sucubo no volverá a pararse. Otras leyendas dicen que las víctimas del Sucubo pierden su alma.
Sytry: Un príncipe infernal cuya forma es una cabeza de leopardo pero asume forma humana cuando el mago lo ordena. Procura el amor entre los sexos y provoca a las mujeres a mostrarse desnudas.
Tamiel: Uno de los ángeles caídos, cuyo nombre significa "Perfección de Dios". Se dice que rige las profundidades del mar.
Tephros: es una entidad que puede curar fiebre, o traer obscuridad y pegarle fuego a los campos, por lo cual se dice que es mitan ángel, mitad demonio.
Tumael: Uno de los doscientos ángeles caídos.
Turel: Un ángel caído.
Ukobac: Un demonio del orden inferior. Siempre aparece como un ser humano de cuerpo inflamado. Se dice que es el inventor de los fuegos articiales. Es designado por Beelzebub para cuidar de las calderas del infierno.
Ura: Espíritu Babilonio de la muerte. Se dice que una vez tuvo en mente destruir a toda la humanidad.
Uval: Uno de los angeles caídos, perteneciente al Coro de las Potencias. Ahora se dice que es un gran duque jerarquía infernal, con 37 legiones a su mando. Se le invoca para conseguir el amor de una persona.
Vassago: Una de las entidades que se invocan en rituales de alta magia, generalmente para descubrir los secretos de las mujeres. Su identidad es dual y algunas autoridades lo describen como un ángel caído que se especializa en revelar el futuro y en encontrar cosas perdidas.
Veltis: Demonio que fue confinado por Salomón en una caldera de cobre. Fue liberado por los Babilonios. Atacó a Santa Margarita de Cortona.
Vepar: Este demonio toma la forma de una sirena. Guía las aguas y a los barcos de guerra, a veces logra hacer parecer que el mar, está lleno de barcos que navegan. (barcos fantasma).
Verdelet: Se dice que es un demonio del segundo orden, y Maestro de ceremonias del infierno. También se le conoce como Amo Persil, y su función es transportar a las brujas en el Sabbat.
Vodnik: En el folklor Eslavico, se trata de un demonio del agua, que sale a relucir cuando un niño se sumerge al agua. Aparece como un pez o como un humano de cabello verde, y mantiene a las personas bajo del agua, hasta ahogarles. En Rusia se le conoce como Vodjanoj.
Vual: Un gran Duque infernal, antes perteneciente a la orden de los poderes. Se aparece como un enorme dromedario y cuando toma forma humana, habla en lengua egipcia.Procura el amor de las mujeres y reconcilia amigos y enemigos.
Xaphan: Cuando Satán y sus angeles se rebelaron ante Dios, Xaphan se unió a sus filas y fue aceptado con brazos abiertos, debido a que el poseía una mente inventiva. El le sugirió a Satán prenderle fuego al cielo, pero fueron arrojados al infierno antes de cometer tan vil acto. Él está encargado eternamente, en mantener encendidas las llamas del infierno
Zagiel: Un ángel caído, perteneciente al Coro de los ángeles.
Zephar: Gran Duque de los infiernos, que tienta a los hombres a cometer pecados sexuales con niños. Tiene la forma de un guerrero y comanda 28 legiones.
Zeros: Demonio híbrido condenado por la Orden de las Dominaciones por el imperdonable acto de tracción hacia los demonios por haber sellado La Porte de l'Enfer o puerta del infierno, para detener la guerra que se llevaba a cabo por los demonios y los Ángeles. Se dice que este demonio se hanía enamorado de una ángel cuyo nombre no es mencionado, según los relatos este secreto amor fue el que lo llevo a cometer la traición hacia los demonios.Fue sellado en la segunda lágrima de la diosa caída cuya gema se perdió por los constantes saqueos llevada a cabo por los templarios.
Zimimar: Monarca de las regiones del noroeste del infierno.
Demonología es la rama de la teología y de la mitología que se encarga del estudio de los demonios y sus relaciones, haciendo alusión a sus orígenes y naturaleza.
ORIGENES
La manifestación más importante de la demonología cristiana occidental es el Malleus maleficarum (1486) (del latínMartillo de las Brujas), de los dominicos inquisidores Jakob Sprenger y Heinrich Kramer, que demuestran —de manera sui géneris— la existencia y el poder de la brujería como parte integral de la fe católica romana y de un peligro real para los fieles, aparte de ofrecer en su tratado toda clase de formas de reconocer y procesar una bruja, convirtiéndose así durante dos siglos en el manual para procesos de brujería.
En otro sentido, la demonología confecciona listados que intentan nombrar y establecer una jerarquía de espíritus maléficos. Así, la demonología es el opuesto de la angelología, que intenta recopilar la misma información al respecto de los buenos espíritus.
En la tradición cristiana, los demonios son ángeles caídos, así que se puede considerar la demonología como una rama de la angelología.
Sin embargo, muchas bases de datos demonológicas son conocimientos «capturados» a aquellos supuestamente capaces de invocar tales entidades, incluyendo las instrucciones sobre cómo convocarlos y (en el mejor de los casos) someterlos a la voluntad del conjurador.
Los grimorios de magia oculta son aquellos tomos que contienen los conocimientos acerca de esta faceta de la demonología, más de una vez estudiada con morboso deleite por aquellos que debían perseguir y juzgar a diabolistas y brujas.




viernes, 5 de noviembre de 2010

VELANDO EL CADÁVER -- GUY DE MAUPASSANT




VELANDO EL CADÁVER
GUY DE MAUPASSANT


     Había muerto sin agonía, tranquilamente, como mujer cuya vida fué irreprochable; y descansaba ahora en la cama boca arriba, cerrados los ojos, tranquilas sus facciones, los largos cabellos blancos cuidadosamente peinados cual si hubiese hecho su tocado diez minutos antes de morir, y toda su fisonomía de difunta tan recogida, tan reposada, tan resignada, que se comprendía que un alma tiernísima había habitado en aquel cuerpo, que aquella anciana serena había llevado la más tranquila de las existencias, que en su fin no había habido ni sacudidas ni remordimientos.
     De rodillas junto al lecho mortuorio, su hijo, un magistrado de principios inflexibles, y su hija Margarita, en religión la hermana Eulalia, lloraban amargamente.
     Desde su infancia les había inculcado una irreprochable moral, enseñándoles la religión sin debilidades y el deber sin transacción. Él, el varón, se había hecho magistrado, y blandiendo la ley sacudía sin piedad a los débiles, a los desfallecidos; ‘ella, la muchacha, empapada en la virtud que la había bañado en aquella familia austera, se había casado con Dios, disgustada de los hombres. No habían conocido a su padre; lo único que sabían era que había hecho a su madre desgraciada; y no tenían más detalles acerca de él.
     La religiosa besaba locamente una de las manos de la muerta, una mano de marfil semejante a la del Cristo amortajado. Al otro lado del cuerpo tendido, la otra mano de la difunta parecía tener todavía la colcha estrujada con ese errante gesto que se llama el decisivo; y la ropa había allí conservado pequeñas arrugas, como un recuerdo de los movimientos que preceden a la eterna inmovilidad. Unos ligeros golpes dados en la puerta hicieron que se alzasen los dos trastornados rostros, y el sacerdote, que acababa de cenar, entró nuevamente. Estaba rojo, sofocado por los comienzos de la digestión, pues había echado mucho coñac en el café para luchar contra la fatiga de las pasadas noches y la de la noche de vela que comenzaba.
     Parecía triste; en su rostro se veía esa falsa tristeza del eclesiástico para quien la muerte es una manera de ganarse la vida. Hizo la señal de la cruz, y acercándose con su gesto profesional:
     —Aquí estoy, pobres hijos míos —murmuró—, dispuesto a ayudarlos a pasar estas tristes horas.
     Pero sor Eulalia se levantó súbitaamente:
     —Gracias, padre mío; mi hermano y yo deseamos quedar solos con ella. Son éstos los últimos instantes que la veremos, y deseamos estar los tres solos, como en otra época, como cuando..., cuando... cuando éramos niños y nuestra po..., pobre madre…
     No pudo acabar; tantas eran sus lágrimas, de tal modo la oprimía el dolor.
     El sacerdote se inclinó, más alegre, pensando en su cama.
     —Como gustéis, hijos míos—dijo. Se arrodilló, se santiguó, rezó, se levantó y salió despacito, murmurando:
     —¡Era una santa!
     La difunta y sus hijos quedaron solos. Un oculto reloj producía en la sombra un ruido regular, y por la abierta ventana los suaves perfumes del heno y de la madera penetraban con un lánguido claror de luna. De la campiña no llegaba ningún sonido más que el de las notas volantes de los sapos y, a veces, el ronquido de un insecto nocturno que penetraba como una bala y chocaba en la pared. Una infinita paz, una divina melancolía y una silenciosa serenidad rodeaban a aquella difunta, pareciendo huir con ella y echarse fuera de allí apaciguando la propia Naturaleza.
     De pronto, el magistrado, de rodillas siempre y con la cabeza oculta entre las ropas del lecho, con voz lejana, desgarradora, lanzada a través de las mantas y las sábanas, gritó:
     —¡Madre, madre, madre!
     Y la hermana, echándose contra el suelo, dando en el entarimado con su frente de fanática, convulsionada, retorcida, vibrante, como en una crisis de epilepsia, gimió:
     —¡Jesús, Jesús, madre, Jesús! Y, sacudidos por un huracán de dolor, ambos jadeaban, gemían amargamente.
     Mucho tiempo después se levantaron y se quedaron mirando el querido cadáver. Y los recuerdos, esos recuerdos lejanos, ayer tan dulces y hoy tan crueles, se presentaban en su imaginación con todos esos pequeños detalles olvidados, esos pequeños detalles íntimos y familiares que hacen vivir de nuevo al ser desaparecido. Recordaban circunstancias, palabras, sonrisas, entonaciones de voz de la que ya no volvería a hablarles. La tornaban a ver feliz y tranquila, se repetían las frases que en otro tiempo les dirigiera con un ligero movimiento de la mano que ella empleaba a veces, como para llevar el compás, cuando pronunciaba un discurso importante.
     Y la amaban como nunca la habían amado. Y comprendían, midiendo su desesperación, hasta qué punto iban ahora a verse abandonados.
     Luego, poco a poco, la fuerza de la crisis fue disminuyendo como las lluviosas calmas siguen a las borrascas en el agitado Océano, y se pusieron a llorar de un modo más suave.
     Era su sostén, su guía, toda su juventud, toda la alegre parte de su existencia lo que desaparecía; era su lazo con la vida, la madre, la mamá, la carne creadora, el punto de unión con los abuelos que no tenían ya.
     Ahora quedaban solitarios, aislados; ya no podrían mirar tras sí.
     La monja dijo a su hermano:
     —Ya sabes que mamá tenía grande afición a leer sus viejas cartas; todas están ahí, en ese cajón. ¿No haríamos bien en leerlas a nuestra vez, reviviendo toda su vida en esta noche que hemos de pasar junto a ella? Sería como un camino del Calvario, como un conocimiento que haríamos con su madre, con nuestros viejos parientes desconocidos, cuyas cartas se encuentran ahí, y de quienes tan a menudo nos hablaba. ¿Te acuerdas?
     *
     
     Y tomaron del cajón unos diez legajos de papeles amarillentos, cuidadosamente sujetos y colocados unos contra otros. Depositaron encima de la cama estas reliquias y escogiendo una de ellas, sobre la cual estaba escrita la palabra «Padre», la abrieron y leyeron.
     Eran esas viejas epístolas que se encuentran en los antiguos muebles familiares, esas epístolas que tienen el olor de otro siglo. La primera rezaba: «Querida mía»; y otra: «Mi hermosa hijita», y las otras: «Mi querida niña», y otras, por fin: «Mi querida hija.» Y de pronto la monja se puso a leer en voz alta, a leer nuevamente a la muerta su historia, todos sus dulces recuerdos. Y el magistrado, con un codo apoyado en la cama, le prestaba atención, fijos los ojos en su madre. Y el cadáver Inmóvil parecía feliz.
     Interrumpiéndose, sor Eulalia dijo de pronto:
     —Será menester meterlas en su tumba, hacerle un sudario de todo esto y amortajarla con él.
     Y cogiendo otro legajo, sobre el cual nada había escrito, principió a leer como antes.
     
     «Querida mía: Te amo hasta la locura. Desde ayer sufro como un condenado, achicharrado por tu recuerdo. Siento tus labios bajo los míos, tus ojos bajo mis ojos, tu carne bajo mi carne. ¡Te amo, te amo! Me has enloquecido. Mis brazos se abren, jadeo impulsado por un ansia inmensa de poseerte nuevamente. He conservado en mi boca el sabor de tus besos...»
     
     El magistrado se había puesto en píe; la monja se interrumpió; le arrancó la carta, buscó la firma. No la llevaba el papel; sólo se leían estas palabras: «El que te adora»; el nombre era «Enrique». Su padre se llamaba Renato. Entonces el hijo, con rápidas manos, revolvió el paquete de cartas, tomó otra y leyó:
     
     «No puedo vivir sin tus caricias...»
     
     Y en pie, severo como en su tribunal, miró impasible a la muerta. La monja, erguida como una estatua, con algunas olvidadas lágrimas en los extremos de los ojos, contemplando a su hermano, esperaba. El atravesó entonces el aposento andando despacio, llegó a la ventana y, con la mirada perdida en la noche, meditó.
     Cuando volvió la cabeza, sor Eulalia, ya secos los ojos, permanecía en pie, junto al lecho, baja la cara.
     El avanzó, recogió vivamente las cartas y las fué echando revueltas en el cajón; en seguida corrió los cortinajes de la cama.
     Y cuando el día hizo palidecer las bujías que ardían sobre la mesa, el hijo abandonó lentamente su sillón y, sin mirar ni una vez más a la madre, que había, condenándola, separado de ellos, dijo lentamente:
     —Ahora, hermana mía, salgamos de aquí.
     

jueves, 28 de octubre de 2010

El homúnculo -- Robert Bloch



EL HOMÚNCULO

Robert Bloch


Háganse a la idea de que no puedo jurar que mi historia sea cierta. Pudiera haber sido un sueño; o peor aún, un síntoma de algún severo desorden mental. Pero yo creo que es cierta. Despues de todo, ¿Cómo podemos estar seguros de todas las cosas que hay sobre la tierra? Aún existen monstruosidades extrañas, y espantosas e increibles perversiones. Cada año que pasa, cada nuevo descubrimiento geográfico o científico, saca a la luz algún nuevo fragmento de la macabra evidencia de que el mundo no es, exactamente, el lugar que imaginamos. En ocasiones ocurren incidentes peculiares, que rozan la locura más absoluta.
¿Cómo podemos estar seguros de la validez de nuestras patéticas concepciones de la realidad? A cada hombre entre un millón, le es revelado un espantoso conocimiento, y el resto de nosotros permanecemos piadosamente ignorantes. Ha habido viajeros que jamás regresaron, y trabajadores de minería que desaparecieron. Y algunos de los que regresaron, fueron considerados locos, debido a lo que contaron, y otros prefirieron ocultar la sabiduría que tan horriblemente les había sido revelada. Ciegos como somos, sabemos muy poco de aquello que acecha más allá de nuestra vida normal. Ha habido relatos sobre serpientes marinas y criaturas de las profundidades; leyendas de enanos y gigantes; informes de raros horres médicos y partos antinaturales. Asombrosas pesadillas de la personalidad humana, han salido a la luz bajo el espantoso estímulo de la guerra, de la plaga o de la hambruna. Ha habido caníbales, necrófilos, y gules, ritos impíos de adoración y sacrificio; maniacos homicidas, y crímenes blasfemos. Y cuando pienso, entonces, en lo que he visto y oído, y lo comparo con otras grotescas e increibles realidades, comienzo a temer por mi razón.
Pero si existe alguna explicación cuerda de este asunto, le imploro a Dios que se me diga, antes de que sea demasiado tarde. El Doctor Pierce me dice que debo calmarme; me aconsejó que escribiera esta narración con el fín de mitigar mi aprensión. Pero no estoy calmado, y nunca me calmaré hasta que sepa la verdad de una vez por todas; hasta que esté enteramente convencido de que mis miedos no están fundados en una espantosa realidad.


Ya era un hombre nervioso, cuando acudí a descansar a Bridgetown. Había sido una dura prueba, aquel año en la escuela, y me hallaba muy feliz de apartarme de la tediosa rutina de las clases. El éxito de mis cursos de lectura aseguraban mi puesto en la facultad para el próximo año, y en consecuencia, aparté de mi mente cualquier especulación académica, cuando decidí tomarme unas vacaciones. Elegí ir a Bridgetown debido a las excelentes posibilidades que el lago me brindaba para la pesca de trucha. Las instalaciones que elegí, de entre toda la voluminosa literatura sobre hoteles, consistían en un lugar tranquilo y pacífico, según anunciaba el sencillo folleto. No ofrecía un campo de golf, un paseo, o una piscina cubierta. No hacía mención de ningún enorme salón de bolos, una orquesta de dieciocho piezas, o una cena formal. Y lo mejor de todo, el anuncio ni siquiera ensalzaba la grandeza escénica del lago y el bosque. No proclamaba, polisilábicamente, que el Lago Kane era 'Un eterno paraiso de la Naturaleza, en el que cerúleos cielos y frondosa vegetación impelen al gozoso visitante a saborear los gozos de la juventud'. Por aquel motivo, hice la reserva, llené mi maleta, preparé un par de pipas y salí.
Quedé más que satisfecho con el lugar, cuando llegué. Bridgetown es un pueblo pequeño y rústico; un apartado superviviente de días más antiguos y sencillos. Situado en el mismo Lago Kane, se halla por completo rodeado de bosques, y de suaves prados bañados por el sol en los que la gente de las granjas vive en serena felicidad. El peso de la civilización moderna ha caído muy débilmente sobre esta gente y sus maneras tranquilas. Son pocos los automóviles, tractores y demás. Hay algunos teléfonos, y a unas cinco millas de distancia, la Autovía del Estado proporciona un cómodo acceso al pueblo. Eso es todo. Las casas son viejas, las calles rectas. Los artistas, diletantes suburbanos y ascetas profesionales aún no han invadido aquel bucólico escenario. El número de veraneantes es pequeño y selecto. Unos cuandos cazadores y aficionados a la pesca, pero nada de ese gentío ordinario que sale a cazar por placer. Las familias de por allí no comparten esos gustos; ignorantes y poco sofisticados como son, reconocen fácilmente la vulgaridad.
Así que mi entorno era ideal. El lugar en el que me hospedaba era un hostal de tres plantas junto al mismo lago ‑la Casa Kane, regentada por Absolom Gates. Era un personaje de la vieja escuela; un vigoroso y encanecido veterano cuyo padre se había dedicado a la pesca hasta finales de los sesenta. Él mismo era un apasionado de todo lo referente a la pesca; pero sólo desde la ventana del salón Waltonian. Su instalación era algo así como la Meca de los pescadores. Las habitaciones eran grandes y aireadas; la comida abundante y excelentemente preparada por la hermana viuda de Gates. Tras mi primera inspección, me preparé a disfrutar de una estancia notablemente placentera.
Entonces, en mi primera visita al pueblo, me topé con Simon Maglore por la calle.


Conocí por primera vez a Simon Maglore durante mi segundo curso como instructor en la Escuela. Incluso entonces, me había impresionado enormemente. Y no sólo debido a sus características físicas, aunque eran bastante inusuales. Era alto y delgado, con unos hombros enormemente grandes, y la espalda ligeramente inclinada. No se trataba de una joroba, en el sentido habitual de la palabra, pero parecía sufrir un peculiar abultamiento tumoroso junto a su hombro izquierdo. Intentaba disimular aquel bulto, con gran vergüenza, pero su prominencia hacía que dichos intentos resultaran estériles. De todos modos, aparte de su desafortunada deformidad, Maglore había sido un tipo muy bien parecido. De cabello negro, ojos grises, piel suave, parecía ser un fino especimen de hombre inteligente. Y fue esa inteligencia lo que tanto me había impresionado de él. Su trabajo en clase era rotundamente brillante, y en ocasiones alcanzaba calidades que rondaban el puro genio. Pese al deje peculiarmente mórbido de su trabajo en poesía y ensayo, era imposible ignorar el poder y la imaginación que podían producir tan salvajes escenarios y delirantes colores. Uno de sus poemas ‑La Bruja está Ahorcada ‑le hizo merecedor del Premio Edsworth Memorial de aquel año, y algunas de obras principales, fueron reeditadas en ciertas antologías privadas.
Desde el principio, sentí un gran interés hacia ese joven y su inusual talento. Al principio, no había respondido a mis intentos por llegar a él; me supuse que era un alma solitaria. Hasta qué punto era ésto debido a su peculiaridad física o a su actitud mental, es algo que no puedo decir. Había vivido solo en el pueblo, y se decía que tenía grandes metas. No se mezclaba con los demás estudiantes, aunque le habrían aceptado de buena gana, por su ánimo dispuesto, su encantadora disposición, y su vasto conocimiento del arte y la literatura. De cualquier modo, gradualmente, conseguí imponerme a su natural reticencia, y me gané su amistad. Me invitó a sus habitaciones, y hablamos.
Y fue entonces cuando averigüé sus firmes creencias en lo oculto y esotérico. Me habló de sus antepasados en Italia, y del interés que habían mostrado por la brujería. Uno de ellos había sido agente de los Medici. Habían emigrado a América en épocas tempranas, debido a ciertos cargos lanzados contra ellos por la Santa Inquisición. También me habló de sus propios estudios en los reinos de lo desconocido. Sus habitaciones estaban plagadas de extraños dibujos que había confeccionados a partir de sueños, e imágenes de arcilla, aún más extrañas. Sus estanterías contenían multitud de libros raros y antiguos. Observé la obra de Ranfts, "De Masticatione Mortuorum in Tumulis" (1734); la valiosísima "Cábala de Saboth" (traducción griega, circa 1686); los "Comentarios sobre la Brujería", de Mycroft; y el infame "Los Misterios del Gusano", de Ludvig Prinn.
Realicé numerosas visitas a sus apartamentos, antes de que Maglore abandonara la Escuela, repentinamente, en el otoño del año 33. La muerte de sus padres le hizo acudir al Este, y partió sin despedirse. Pero en el fondo, había aprendido a respetarle bastante, y sentía un profundo interés por sus planes futuros, que incluían un libro sobre la historia de la pervivencia de los cultos de brujas en América, y una novela que trataba sobre el efecto psicológico de la superstición sobre la mente. Nunca me escribió, y no volví a saber nada más de él hasta este encuentro casual en la calle del pueblo.


Me reconoció. Dudo mucho que yo hubiera sido capaz de identificarle a él. Había cambiado. Mientras nos estrechábamos la mano, noté su apariencia desastrada y poco cuidada. Parecía más viejo. Su rostro era más delgado, y mucho más pálido. Tenía oscuras sombras en torno a sus ojos ‑y en ellos. Sus manos temblaban; su rostro forzaba una sonrisa sin vida. Su voz era más profunda al hablar, pero preguntó por mi salud del mismo modo encantador que siempre lo había hecho. Rápidamente le expliqué el motivo de mi presencia allí, y comencé a preguntarle.
Me informó de que vivía allí, en la pequeña ciudad; había vivido allí desde la muerte de sus padres. Estaba trabajando de lleno en sus libros, pero sentía que el resultado de su labor justificaba de sobra cualquier inconveniente físico que pudiera sufrir. Se disculpó por su desaseado aspecto y sus maneras cansadas. Deseaba tener una larga charla conmigo alguna de estas noches, pero iba a estar muy atareado durante los próximos días. Posiblemente, a la semana siguiente, podría ir a visitarme al hotel ‑en aquel momento había salido a comprar papel al colmado del pueblo y se disponía a regresar a su casa. Con una precipitada despedida, me volvió la espalda y se alejó.
Y al hacerlo, recibí otro sobresalto. El bulto de su espalda había crecido. Ahora era virtualmente el doble de grande de lo que era cuando le conocí, y no había ya posibilidad alguna de ocultarla. Indudablemente, el trabajo duro se había cobrado un precio severo en las energías de Maglore. Pensé en un sarcoma, y me estremecí.
Caminando de vuelta al hotel, estuve dándole vueltas a la cabeza. La apariencia de Simon me preocupaba. No era saludable para él, el trabajar tan duro, y la elección de sus temas puede que no fuera la adecuada. El constante aislamiento y la tensión nerviosa se habían combinado para minar su constitución de un modo alarmante, y tomé la determinación de ofrecerme como mentor de sus actos. Resolví visitarle a la menor oportunidad, sin esperar a una invitación formal. Algo tenía que hacer.
A mi llegada al hotel se me ocurrió otra idea. Le preguntaría a Gates qué era lo que sabía sobre Simon y su trabajo. Quizás hubiera algo interesante aparte de su actividad, que pudiera explicar su curiosa transformación. De modo que busqué al entrañable caballero y le expuse la cuestión.


Lo que aprendí de él me dejó perplejo. Por lo visto, a los habitantes no le gustaban ni el Amo Simon, ni su familia. Sus antepasados habían sido bastante adinerados, pero su nombre había sido enturbiado por una dudosa reputación, incluso desde los primeros días. Brujas y hechiceros, tanto unos como otros, constituían su árbol genealógico. Sus oscuras actividades habían sido cuidadosamente ocultadas al principio, pero la gente de su entorno podía atestiguarlo. Por lo visto, casi todos los Maglore habían poseído ciertas malformaciones físicas que les habían hecho sospechosos. Algunos habían nacido con velos en los ojos; otros con pies palmeados. Uno o dos habían sido enanos, y todos ellos habían sido acusados, en algún momento, de poseer el popular 'mal de ojo'. Algunos de ellos habían sido "noctácopos", podían ver en la oscuridad. Simon no era, por lo visto, el primer jorobado de la familia. Su abuelo lo había sido, y antes que él, su tatarabuelo.
Había también, muchos indicios de endogamia y de ser un clan cerrado. Eso, en opinión de Gates y de su gente, apuntaba claramente a una cosa... Brujería. Y tampoco era la única evidencia. ¿Acaso los Maglore no evitaban el publo y permanecían recluidos en su vieja casa de las colinas? Además, ninguno de ellos iba a la iglesia. ¿No se sabía de ellos, además, que daban largos paseos al ponerse el sol, y de noche, cuando toda la gente decente y respetable estaba durmiendo? 
Probablemente, tenían sus buenas razones para no mostrarse sociables. Quizás tenían cosas que deseaban ocultar en su vieja casa, y puede que tuvieran miedo de que esas cosas se supieran por allí. La gente sabía que aquel lugar estaba repleto de libros embrujados e impíos, y había una vieja historia que decía que toda la familia era fugitiva de algún lugar del extranjero, debido a algo que habían hecho. Despues de todo, ¿Quién podía decirlo? Parecían sospechosos; actuaban de un modo raro; quizás lo eran. Desde luego, nadie podía decirlo a ciencia cierta. La histeria en masa de la quema de brujas y los rumores de posesiones satánicas no habían penetrado hasta esta parte de la región. No había indicios de altares en los bosques, ni las espectrales presencias forestales de los mitos indios. Ninguna desaparición ‑bovina o humana ‑podía ser imputada a la familia Maglore. Legalmente, su historial estaba limpio. Pero la gente les temía. Y este último ‑Simon ‑era el peor.
Nunca se había comportado como es debido. Su madre murió al nacer él. Habían tenido que traerse a un doctor de fuera del pueblo ‑ningún hombre de la localidad habría tratado un caso así. El bebé, además, había nacido casi muerto. Durante algunos años nadie le había visto. Su padre y su tío habían dedicado todo su tiempo a cuidar de él. Cuando tenía siete años, el muchacho había sido enviado a una escuela privada. Regresó una vez, cuando tenía casi doce años. Fue cuando murió su tío. Se volvió loco, o algo así. En cualquier caso, tuvo una especie de ataque, que acabó desembocando en una hemorragia cerebral, según dijo el doctor. 
Simon era por entonces, un muchacho muy apuesto ‑excepto por la giba, claro está. Pero no parecía estar muy desarrollada en aquel tiempo ‑de hecho, era bastante pequeña. Se quedó algunas semanas, y luego regresó de nuevo a la escuela. No había vuelto a aparecer hasta la muerte de su padre, hacía dos años. El anciano había muerto a solas en su gran casa, y el cuerpo no había sido descubierto hasta varias semanas después. Un vendedor ambulante había llamado; entró en el abierto vestíbulo, y encontró al viejo Jeffrey Maglore muerto en su gran butacón. Sus ojos estaban abiertos, y velados por una mirada de espantoso temor. Ante él, había un gran libro de hierro, cubierto de extraños e indescifrables caracteres.
Un médico, convocado apresuradamente, pronunció que su muerte se debía aun fallo cardiaco. Pero el vendedor, tras escrutar aquellos ojos cubiertos de pavor, y mirando las grotescas e inquietantes figuras del libro, no estaba tan seguro de ello. No tuvo oportunidad de curiosear por allí, de todos modos, pues aquella noche llegó el hijo.
La gente le miró de un modo extraño cuando vino, pues aún no se le había enviado aviso alguno sobre la muerte de su padre. Callaron, también, cuando él les mostró una carta de hacía dos semanas, con la escritura del viejo, que anunciaba una premonición de muerte inminente, y aconsejaba al joven que regresara a casa. Las cuidadosas y contenidas frases de aquella carta, parecían tener un significado secreto; pues el joven nunca llegó a preguntar sobre las circunstancias de la muerte de su padre. El funeral fue privado; y el consiguiente entierro tuvo lugar en la cripta familar, junto a la casa.
Los insólitos y peculiares eventos que rodearon el regreso al hogar de Simon Maglore, pusieron inmediatamente en guardia a la gente. Tampoco ocurrió nada que alterara su opinión original acerca del muchacho. Permanecía solo todo el tiempo, en aquella casa silenciosa. No tenía criados, y no hizo amigos. Sus poco frecuentes viajes al pueblo, los hacía con el único propósito de obtener vituallas. Se las llevaba él mismo, en su coche. Compraba una buena cantidad de carne y pescado. De vez en cuando paraba por la farmacia, donde compraba sedantes. No parecía nada comunicativo, y contestaba a todas las preguntas con monosílabos. Aún así, era obviamente, una persona bien educada. En general, se rumoreaba que estaba escribiendo un libro. Gradualmente, sus visitas se hicieron cada vez menos frecuentes.
Entonces, la gente empezó a comentar su cambio de apariencia. De un modo sutil, pero evidente, se había alterado inquientantemente. En primer lugar, se notó que su deformidad se había incrementado. Se veía obligado a llevar un amplio gabán para ocultar su volumen. Caminaba con una ligera inclinación, como si su peso le diera problemas. Además, no iba nunca al médico, y nadie, de entre la gente del pueblo, tenía el valor de hacerle comentario alguno, o preguntarle sobre su estado. También estaba envejeciendo. Comenzaba a parecerse a su tio Richard, y sus ojos habían adoptado ese guiño especial que denotaba un poder noctacópico. Todo aquello excitaba los rumores entre la gente, para quien la familia Maglore había sido tema para interesantes conjeturas durante generaciones.
Más tarde, dichas especulaciones se habían basado en hechos más tangibles. Pues recientemente, Simon había aparecido por varias de las granjas aisladas de la región, paseando furtivamente.
Preguntaba sobre todo a la gente de edad avanzada. Estaba escribiendo un libro, según les decía, acerca del folklore. Deseaba preguntarles sobre las antiguas leyendas de los alrededores. Preguntaba si alguno de ellos, había oído alguna vez relatos concernientes a cultos locales, o rumores sobre rituales en el bosque. ¿Había alguna casa encantada o lugar embrujado en la espesura? ¿Habían oído alguna vez el nombre 'Nyarlathotep', o referencias a 'Shub‑Niggurath' o al 'Mensajero Negro'? ¿Podían recordar algo de los antiguos mitos de los Indios Pasquantog, acerca de los 'hombres‑bestia', o recordaban alguna historia sobre oscuros encapuchados que sacrificaban terneros en las montañas? Estas y otras preguntas similares, pusieron en guardia a los granjeros, ya de por sí, suspicaces por naturaleza. Si hubieran poseido tales conocimientos, estos habrían sido de una naturaleza decididamente impía, y no se habrían atrevido a revelarlos a aquel forastero tan pagado de si mismo. Algunos de ellos, sabían algo de esas cosas, debido a antiguos relatos que les habían llegado desde la costa, más al norte, y otros habían escuchado pesadillas susrradas por reclusos, acerca de las montañas del este. Había un montón de cosas en torno a esas materias, que ellos, francamente, no sabían, y que sospechaban que ningún forastero debería escuchar. Fuera donde fuera, Maglore se encontraba con evasivas o con reacciones escandalizadas, y partía tras haber dado una impresión decididamente mala.
Las historias sobre sus visitas comenzaron a multiplicarse. Adoptaron el tópico de una elaborada discusión. Un anciano lugareño en particular... un granjero llamado Thatcherton, que vivía solo en una pequeña parcela al oeste del lago, por debajo de la autovía... tenía una historia singularmente interesante que contar. Maglore había aparecido una noche, alrededor de las ocho, y llamó a la puerta. Persuadió a su anfitrión para que dialogara con él, y entonces intentó engatusarle, prometiendo revelarle cierta información concerniente a la presencia de un cementerio abandonado, que se rumoreaba existía en algún lugar de los alrededores.
El granjero contó que su invitado estaba en un estado próximo a la histeria, que afirmaba con la cabeza una y otra vez, del modo más melodramático, y hacía frecuentes alusiones a un montón de estupideces mitológicas sobre 'los secretos de la tumba', 'el decimotercer servidor', 'la Fiesta de Ulder', y 'los cantos de los Dholes'. También hablaba de 'el ritual del Padre Yig', y ciertos nombres que pronunció, relaccionados con raras ceremonias en el bosque, que decía tenían lugar cerca de aquel cementerio. Maglore preguntó si le había desaparecido algún ternero, y si su anfitrión había escuchado alguna vez 'voces en el bosque, haciéndole proposiciones'.
El hombre dijo que no, a todas aquellas cosas, y se negó a permitir que su invitado regresara a inspeccionar la zona por el día. En aquel momento, el inesperado visitante se mostró muy enfadado, y estaba a punto de objetar acaloradamente, cuando ocurrió algo muy extraño. Maglore empalideció de repente, y pidió que se le excusara. Parecía estar sufriendo fuertes dolores internos, pues se inclinó hacia delante y se dirigió a trompicones hasta la puerta. Y mientras lo hacía, ¡Thatcherton recibió la enloquecedora impresión de que la joroba de su espalda se estaba moviendo! Parecía agitarse, y agarrarse a los hombros de Maglore, ¡como si éste tuviera un animal escondido bajo su gabán! En aquella situación, Maglore se giró bruscamente, y se dirigió de espaldas hacia la salida, como intentando ocultar aquel inusual fenómeno. Salió rápidamente, sin mediar palabra, y corrió por el camino en dirección a su coche. Corrió como un mono, se introdujo frenéticamente en el interior del coche, y lo puso en marcha precipitadamente, haciendo que las ruedas rechinaran, mientras se alejaba del patio a toda prisa. Desapareció en la noche, dejando detrás a un hombre entristecido e intrigado, que no tardó en difundir entre sus amigos, el relato de su fantástico visitante.
Desde entonces, sus paseos habían cesado bruscamente, y hasta aquella misma tarde, Maglore no había vuelto a aparecer en el pueblo. Pero la gente seguía hablando, y no era bienvenido. Le hacían el vacío a ese hombre, fuera lo que fuera.


Esta era, en resumen, la historia de mi amigo Gates. Cuando terminó, me retiré a mi alcoba sin hacer comentarios, para meditar sobre el relato.
No me inclinaba a apoyar las supersticiones locales. Mi larga experiencia en tales materias me hacían desacreditar automáticamente la mayoría de sus detalles. Sabía lo bastante de la psicología rural como para darme cuenta de que cualquier cosa fuera de lo ordinario es mirada siempre con sospecha. Supongamos que la familia Maglore vivía recluida: ¿Y qué? Cualquier grupo de procedencia extranjera tendería a vivir apartado. Parecía garantizada una predisposición racial a la deformidad... lo cual no les convertía en brujos. La masa ha perseguido a mucha gente acusándoles de brujería, cuando su único crimen consistía en poseer algún defecto físico. Incluso la endogamia era algo fácil de esperar cuando se sufría de ostracismo social. Pero ¿Qué había de mágico en todo aquello? Esas cosas son bastante comunes entre la gente del campo, no sólo entre los extranjeros. Además. ¿Libros raros? Seguramente. ¿Noctacopía? Era algo bastante común en todo el mundo. ¿Locura? Quizás... una mente solitaria suele degenerar. Simon era brillante, de todos modos. Desafortunadamente, su atracción hacia lo místico y lo desconocido le estaban conduciendo a la abstacción. Había sido una mala idea el buscar información para su libro entre la analfabeta población de aquel sitio. Naturalmente, eran intolerantes y desconfiados. Y su paupérrima condición física conseguía una importancia exagerada ante los ojos de aquellos crédulos pueblerinos. 
Aún así, probablemente había la suficiente verdad en aquella narración distorsionada como para hacer que fuera imperativo el hablar al momento con Maglore. Debía salir de aquella atmósfera insana, y ver a un médico eficiente. Su genio no debía ser malgastado o destruído por tal obstáculo ambiental. Le asfixiaba, mental y físicamente. Me decidí a visitarle a la mañana siguiente. 
Tras aquella resolución, bajé a cenar, dí un corto paso por el embarcadero del lago, a la luz de la luna, y me retiré a dormir.


A la tarde siguiente, me dispuse a cumplir mi propósito. La Mansión Maglore se alzaba en una explanada a una media milla de Bridgetown, y se reflejaba fantasmalmente sobre el lago. No era un lugar agradable; era demasiado viejo, y demasiado descuidado. Imaginé el aspecto que tendrían sus destartaladas ventanas en una noche sin luna, y me estremecí. Aquellas aberturas vacías me recordaban a un murciélago ciego. El tejado a dos aguas parecía su embozada cabeza, y las amplias habitaciones laterales, coronadas con torrecillas, bien podían servir de alas. Cuando me percaté del camino que seguían mis pensamientos me sentí sorprendido e inquieto. Mientras caminaba por el largo paseo, a la sombra de los árboles, me esforcé en reprimir mi imaginación. Estaba allí por un motivo concreto.
Me hallaba casi calmado cuando llamé al timbre. Su espectral sonido arrancó ecos por los serpenteantes corredores del interior. Sonaron pasos débiles y vacilantes, y entonces, con un chasquido, la puerta se abrió. Allí, recortado contra el umbral, estaba Simon Maglore.
Maglore se asomaba al crepúsculo gris, y la distorsionada forma de su cuerpo quedaba piadosamente sumergida en una oleada de sombras. Había algo siniestro en el repelente ángulo que adoptaba al inclinarse así, y no me atreví a mirar fijamente a su abultada espalda o a sus brazos, que colgaban lacios a los lados.
Tan sólo su rostro resultaba visible por completo. Era una máscara mortuoria de cera, con una expresión vacía que parecía no reconocerme.
Sólo sus ojos estaban vivos. Sus pupilas dilatadas brillaban en la oscuridad con una intensidad felina. Le observé, intentando dominar la inexplicable repulsión que surgía en mi interior.
‑Simon,‑le dije, ‑He venido a...‑
Sus labios se apretaron. ¿Fue una ilusión debida a la luz, o sus labios me parecieron gusanos blancos que se arrastraban por su rostro? ¿Fue una ilusión o su boca me pareció una negra caverna de la cual surgieron sus palabras?
No pude saberlo. No tuve certeza de nada, excepto de una cosa; la voz que se arrastró débilmente hasta mis oídos no era la voz del Simon Maglore que yo conocía. Era más débil, chillona, y cargada de una oculta sorna.
‑Vete. No puedo verte hoy,‑susurró.
‑Pero quería ayudarte. Yo...
‑Vete, estúpido... ¡Vete!
La puerta se cerró con un portazo ante mi atónita cara, y me encontré solo.
Pero no estuve solo en mi camino de vuelta al pueblo. Mis pensamientos se hallaban hechizados por la presencia de otro... aquella presencia agresiva, ajena, que una vez fue mi amigo, Simon Maglore.


2

Aún me hallaba aturdido cuando regresé al pueblo. Pero después de llegar a mi cuarto del hotel, comencé a razonar conmigo mismo. Mi romántica imaginación me había jugado una mala pasada. El pobre Maglore estaba enfermo... probablemente era víctima de algún severo trastorno nervioso. Recordé que acostumbraba a comprar sedantes en la farmacia local. En mi estúpido arranque emotivo, había confundido tristemente su desafortunada dolencia. ¡Qué crío había sido! Debía regresar al día siguiente y disculparme. Después, Maglore debía ser persuadido para marcharse, y volver de nuevo a su ser original. Parecía estar francamente mal, y además, su temperamento le estaba dominando. ¡Como había cambiado ese hombre!
Aquella noche dormí poco. Por la mañana temprano volví a salir. En esta ocasión evité cuidadosamente las inquietantes imágenes mentales que la vieja casa sugería a mi susceptible cerebro. En ello estaba cuando toqué el timbre.
Fue un Maglore diferente el que me recibió. También él había cambiado para bien. Parecía viejo y enfermo, pero había una luz normal en sus ojos y una sana entonación en su voz mientras me hacía entrar cortésmente, y se disculpaba por su delirante espasmo del día anterior. Era víctima de frecuentes ataques, según dijo, y planeaba marcharse en breve y tomarse unas largas vacaciones. Estaba ansioso por terminar su libro... ya le quedaba muy poco...  y regresar al trabajo de la Universidad. Y de aquel asunto, cambió abruptamente la conversación a una serie de nostálgicos interludios. Recordaba nuestra mutua asociación en el campus, cuando nos sentábamos a charlar, y parecía ansioso por enterarse de los asuntos de la Escuela. Durante casi una hora, vitualmente monopolizó la conversación y la mantuvo de ese modo, para así evitar cualquier pregunta directa de naturaleza personal por mi parte.
De cualquier modo, me resultó fácil ver que estaba muy lejos de encontrarse bien. Parecía estar trabajando bajo una intensa presión; Sus palabras parecían forzadas, su actitud tensa. Una vez más, noté lo pálido que estaba; como desprovisto de sangre. Su malformada espalda parecía inmensa; y su cuerpo, en consecuencia, parecía encogido. Recordé mis temores sobre un tumor canceroso, y me pregunté ni no sería el caso. Mientras tanto, se agitaba, obviamente incómodo. Su charla parecía casi vacía; las estanterías estaban desordenadas, y los espacios vacíos estaban cubiertos de polvo. No había papeles ni manuscritos visibles sobre la mesa. Una araña había construido su tela en el techo.
Durante una pausa en su conversación, le pregunté por su trabajo. Respondió vagamente que era muy absorbente, y que le estaba robando casi todo su tiempo. De todos modos, había realizado algunos descubrimientos sorprendentes, que resultaban un pago generoso por sus esfuerzos. Le resultaría emocionalmente agotador, en su actual estado, entrar en detalles sobre lo que estaba haciendo, pero podía anticiparme que ya sólo sus hallazgos en el campo de la brujería abrirían nuevos capítulos a la historia antropológica y metafísica. Estaba particularmente interesado en la vieja tradición acerca de los 'familiares'... las diminutas criaturas que se decía que eran los emisarios del diablo, y que se suponía que ayudaban a la bruja o el hechicero bajo la forma de un pequeño animal... una rata, un gato, un ave o un reptil. En ocasiones se representaban como pertenecientes al cuerpo del mismo brujo, o nutriéndose de él. La idea de una 'tetilla del diablo' en los cuerpos de las brujas, allí donde sus familiares succionaban los nutrientes de su sangre, quedaba plenamente iluminada por los hallazgos de Maglore. Su libro tenía también un aspecto médico; tenía la firme convicción de presentar tales hechos sobre bases científicas. Los efectos de desórdenes glandulares en los casos denominados de 'posesión demoniaca' eran también estudiados.
Y con aquello, Maglore terminó abruptamente. Se sentía muy cansado, me dijo, y necesitaba algo de reposo. Pero confiaba en ver terminado en breve su trabajo, y entonces le gustaría marcharse para un largo descanso. No era saludable para él, el vivir solo en aquella vieja casa, y en ocasiones le asaltaban pensamientos extraños, y tenía raros lapsus de memoria. De todos modmos, no tenía alternativa en aquellos momentos, dado que la naturaleza de sus investigaciones demandaban tanto privacidad como soledad. En ocasiones, sus experimentos requerían de ciertas vías y cursos para los que era mejor no ser molestado, y no estaba muy seguro de cuanto tiempo podría seguir aguantando la presión. De todos modos, lo llevaba en la sangre... probablemente yo ya estaba al corriente de que procedía de una larga saga de necromantes. Pero basta de tales cosas. Me rogó que me fuera al momento. Volvería a escucharle de nuevo, a primeros de la semana siguiente.
Mientras me levantaba, noté de nuevo lo débil y agitado que parecía Simon. Ahora caminaba con una excesiva inclinación, y la presión sobre su espalda debía de ser enorme. Me condujo por el largo vestíbulo hasta la puerta, y mientras guiaba el camino, noté el temblor de su cuerpo, mientras se delimitaba contra el llameante crepúsculo que penetraba a través de los paños de las ventanas. Sus hombros se movían con una lenta y suave ondulación, como si la giba de su espalda estuviera latiendo de vida. Recordé el relato de Thatcherton, el viejo granjero, que clamaba haber visto realmente tal movimiento. Durante un momento, me asaltó una poderosa nausea; entonces me di cuenta de que la menguante luz estaba creando una ilusión óptica de lo más común.
Al alcanzar la puerta, Maglore se esforzó por despedirme apresuradamente. Ni siquiera extendió su mano para un apretón de despedida, sino que se limitó a murmurar un breve 'buenas noches', con voz tensa y dubitativa. Le observé en silencio unos instantes cuán desmejorado parecía su rostro, antaño apuesto, incluso ante la luz de rubí del ocaso. Entonces, mientras observaba, una sombra reptó por su cara. Parecía ser púrpura y oscura, en una súbita y escalofriante metamorfosis. El oscurecimiento aquel, se hizo más pronunciado, y leí el pánico en sus ojos. Incluso mientras me forzaba a mí mismo a responder a su despedida, el horror se arrastró hasta su rostro. Su cuerpo cayó en aquella peculiar y encogida postura que ya antes había notado, y sus labios se curvaron en una macabra expresión. Por un momento, pensé de verdad que aquel hombre estaba a punto de atacarme. En lugar de ello, se rió... una risa chillona, aguda, que ascendió oscuramente hasta mi cerebro. Abrí la boca para hablar, pero él retrocedió hacia la oscuridad del vestíbulo y cerró la puerta. 
Me quedé estupefacto por la sorpresa, no del todo desprovista de miedo. ¿Estaría enfermo Maglore, o en realidad era un demente? Cosas así de grotescas no parecían posibles en un hombre normal.
Me apresuré, avanzando en el brillante crepúsculo. Mi mente, embrujada, estaba inmersa en profundas deliberaciones, y el distante sonido de los cuervos se mezclaba con mis pensamientos, como una letanía malvada.


3

A la mañana siguiente, tras una noche de turbulentas deliberaciones, tomé una decisión. Funcionara o no, Maglore debía marcharse, y al momento. Estaba a punto de sufrir un serio colapso físico y mental. Sabiendo lo inútil que me iba a resultar, el regresar allí y dscutir con él, decidí que podía emplear algunos métodos más fuertes para hacerle ver la luz.
De modo que, aquella tarde, me entrevisté con el Doctor Carstairs, el médico local, y le conté todo lo que sabía. Enfaticé particularmente, el inquietante suceso de la tarde anterior, y le dije con franqueza lo que sospechaba. Tras una larga discusión, Carstairs accedió a acompañarme al momento hasta la casa de los Maglore, y allí tomar las medidas que fueran necesarias para sacarle de allí. En respuesta a mi petición, el doctor trajo consigo los materiales necesarios para un completo exámen físico. Una vez que pudiera persuadir a Simon para que se sometiera a un diagnóstico médico, estaba seguro de que vería que los resultados hacían necesario que se pusiera en tratamiento al instante.
El sol se ocultaba cuando me acomodé en el asiento del copiloto del Ford del Doctor Carstairs y nos dirigimos a las afueras de Bridgetown por la carretera del sur, donde los cuervos emitían sus peculiares sonidos. Nos movíamos lentamente, y en silencio. De modo que fuimos capaces de escuchar claramente aquel singular y agudo alarido desde la vieja casa de la colina. Agarré el brazo del doctor sin mediar palabra, y un segundo más tarde abandonábamos la carretera y nos introducíamos en el patio de entrada. 'Dese prisa,' musité mientras recorría a toda prisa el paseo y me disponía a subir de un salto los escalones hasta la cerrada puerta principal.
Golpeamos la madera con el puño, inútilmente, y entonces nos dirigimos a las ventanas del ala izquierda. La luz del ocaso menguaba en una tensa y expectante oscuridad, mientras trepábamos por la abertura y nos dejábamos caer sobre el suelo del interior. El Doctor Carstairs accionó una linterna de bolsillo, y nos pusimos de pie. El corazón me retumbaba en el pecho, pero ningún otro sonido rompió el silencio sepulcral mientras abríamos la puerta de la estancia y avanzábamos por el oscuro vestíbulo hasta el estudio. A nuestro alrededor, sentí una horrible Presencia; un demonio al acecho que vigilaba nuestro avance con ojos de insana burla, y cuya maligna alma se agitó con una risa infernal mientras abríamos la puerta del estudio y descubríamos lo que yacía en su interior.
Entonces, ambos gritamos. Simon Maglore yacía a nuestros pies, con la cabeza girada, y sus apretados hombros descansando sobre un pequeño lago de cálida sangre fresca. Estaba boca abajo, y se había quitado la ropa de cintura para arriba, de modo que toda su espalda era visible. Cuando vimos lo que allí descansaba, casi enloquecimos, y entonces comenzamos a hacer lo que debíamos, intentando apartar nuestra mirada, en la medida de lo posible, de aquella cosa absolutamente monstruosa del suelo.
No me pidan que lo describa con detalle. No puedo hacerlo. Hay ocasiones en las que los sentidos se nublan piadosamente, debido a que una completa percepción podría ser fatal. Incluso ahora, hay ciertas cosas que desconozco acerca de aquella abominación, y no me atrevo a permitirme recordarlas. Tampoco les hablaré sobre los libros que encontramos en aquella habitación, o sobre el terrible documento que había sobre la mesa, y que constituía la Obra Maestra inacabada de Simon Maglore. Lo quemamo todo en la chimenea antes de llamar al pueblo solicitando un forense; y si el doctor se hubiera salido con la suya, también habríamos destruído a la Cosa. Y fue entonces, cuando apareció el forense para hacer su examen, cuando los tres juramos guardar silencio en lo concerniente al modo exacto en el que Simon Maglore había hallado la muerte. Entonces nos fuimos, pero antes de que yo hubiera quemado el otro documento... la carta dirigida a mí, que Maglore se hallaba escribiendo en el momento de morir.
Y así, como ven, nadie lo supo jamás. Más tarde me encontré con que la propiedad me había sido donada, y la casa está siendo demolida mientras escribo estas líneas. Pero debo hablar, aunque sólo sea para aliviar mi propio tormento.
No me atrevo a reproducir la carta por entero; pero sí puedo incluir una parte de aquella increible blasfemia:

"...y por ello, claro está, es por lo que comencé a estudiar brujería. Aquello me impelía a hacerlo. ¡Dios, si sólo pudiera hacer que comprendieras ese horror! El nacer de este modo... con esta cosa, este homúnculo, ¡ese monstruo! Al principio era pequeño; todos los doctores decían que era un siamés no desarrollado. ¡Pero estaba vivo! Tenía un rostro y dos manos, pero con unas piernas se adentraban en mi carne, y que le conectaban a mi cuerpo..."
"Durante tres años lo mantuvieron bajo sigiloso estudio. Yacía con el rostro inclinado hacia abajo, apoyado en mi espalda, y sus manos se agarraban a mis hombros. Los hombres decían que contaba con su propio par de diminutos pulmones, pero que carecía de estómago y de sistema digestivo. Aparentemente, obtenía sus nutrientes a través del tubo carnoso que lo unía a mi cuerpo. ¡Y crecía! Pronto, abrió los ojos, y comenzó a desarrollar unos pequeños dientes. En una ocasión, mordió en la mano a uno de los doctores... De modo que decidieron mandarme de nuevo a casa. Era obvio que no podía ser extirpado. Juré mantener en secreto todo el asunto, y ni siquiera mi padre lo supo, casi hasta el final. Vestía ropas anchas, y aquello no crecía demasiado, al menos hasta que regresé... ¡Entonces se produjo aquel cambio infernal!"
"Me hablaba, te digo, ¡Me hablaba!... aquel rostro pequeño y arrugado, como el de un monito... el modo en que movía aquellos diminutos ojos rojizos... esa vocecita chillona decía "más sangre, Simon... Quiero más"... y entonces crecía; debía alimentarle dos veces al día, y cortar las uñas de sus pequeñas manos negras..."
"Pero nunca predije esto; ¡Jamás me dí cuenta de que estaba tomando el control! Antes me habría suicidado. ¡Lo juro! El año pasado comenzó a darse a conocer durante algunas horas y a darme algunos datos. Dirigía la redacción de mi libro, y en ocasiones me obligaba a salir de noche en extraños vagabundeos... Tomaba cada vez más y más sangre, y yo me debilitaba más y más. Cuando volvía en mí, intentaba combatirlo. Busqué todo aquel material sobre las leyendas de los familiares, e investigué, intentando zafarme de su dominio. Pero fue en vano. Y mientras tanto, él crecía y crecía; se hizo más fuerte, más atrevido y más sabio. Ahora hablaba conmigo, y en ocasiones me tanteaba. Supe que deseaba que le escuchara y obedeciera todo el tiempo. ¡Las promesas que me hizo aquella horrible boquita! Convocaría al Oscuro y me uniría a un Culto. Entonces tendríamos poder para mandar, y para llamar a la tierra a una nueva Maldad."
"No deseaba obedecer... ya lo sabes. Pero me estaba volviendo loco, y perdía tanta sangre... ahora, Eso tomaba el control casi todo el tiempo, y ello hizo que yo temiera volver a la ciudad, porque esta Cosa diabólica podría pensar que yo estaba intentando escapar, y podría moverse en mi espalda y asustar a la gente... Cuando tenía los lapsus, y Eso controlaba mi mente, escribía sin parar... y entonces viniste."
"Sé que quieres que me vaya, pero Eso no me dejará. Es demasiado tozudo para permitirlo. Incluso mientras intento escribir estas líneas, puedo sentirle, lanzando órdenes a mi mente para que me detenga. Pero no me detendré. Te lo contaré todo, mientras aún tenga oportunidad; antes de que me domine para siempre y cumpla su negra voluntad con mi pobre cuerpo, y domine mi alma indefensa. Deseo que sepas dónde se halla mi libro, para que puedas destruirlo si algo ocurriera. Quiero decirte cómo disponer de esos espantosos volúmenes viejos de la librería. Y por encima de todo. Deseo que me mates, si llegaras a ver que el homúnculo ha ganado el control absoluto. ¡Dios sabe lo que intetará hacer cuando me halla doblegado!... ¡Qué duro me está resultando luchar, pues en todo momento me está ordenando que baje mi pluma y queme esta hoja! Pero le combatiré... debo hacerlo, hasta que pueda contarte qué fue lo que me dijo la criatura... lo que planea dejar suelto por el mundo cuando me tenga totalmente esclavizado... Te lo diré... No puedo pensar... Lo escribiré, ¡Maldito seas! ¡Para!... ¡No! ¡No hagas eso! Mantén tus manos........."

Eso es todo. Maglore se detuvo allí, debido a su muerte; porque aquella Cosa no deseaba que se revelara su secreto. Es espantoso pensar en aquel horror, propio de una pesadilla, pero ese pensamiento no es el peor. Lo que me turba es lo que ví cuando abrimos aquella puerta... la imagen que explicaba cómo había muerto Maglore.
Allí estaba Maglore, en el suelo, cubierto de sangre. Estaba desnudo hasta la cintura, como ya he dicho; y yacía boca abajo. Pero en su espalda estaba aquella Cosa, tal como la había descrito. ¡Y fue aquel pequeño monstruo, temiendo que sus secretos fueran revelados, quien trepó un poco más alto por la espalda de Simon Maglore, y quien, apretando sus diminutas zarpas negras en torno a su desprotegido cuello, las hundió en la carne hasta matarle!



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