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EN LOS LIMITES DE LA REALIDAD

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martes, 7 de abril de 2009

¿CANTARÁ EL POLVO TUS ALABANZAS?

¿CANTARÁ EL POLVO TUS ALABANZAS?
Damon Knight



Y el Día de la Cólera llegó. El cielo resonó con trompetas, angustiantes, ominosas. Por todas partes las secas rocas se alzaron, gimiendo, y cayeron desmoronadas. Luego en cielo se hendió, y en resplandor apareció un trono de fuego blanco, en un arco iris que ardía verde.
Los relámpagos zigzagueaban desde todos los horizontes. Alrededor del trono flotaban siete majestuosas figuras vestidas de blanco, con cintas doradas cruzando sus pechos; y cada una llevaba en su gigantesca mano una redoma que humeaba hacia el cielo.
Desde el resplandor del trono llegó una voz:
- Seguid vuestros caminos, y verted vuestras redomas de la cólera de Dios sobre la tierra.
Y el primer ángel descendió, y vació su redoma en un torrente de oscuridad que humeó por encima de toda la tierra desierta. Y se hizo el silencio.
Luego el segundo ángel voló bajando a la tierra, y planeó de un lado a otro, sin vaciar su redoma: y finalmente regresó junto al trono, diciendo:
- Señor, debo vaciar la mía en el mar. ¿Pero dónde está el mar?
Y de nuevo se hizo el silencio. Porque las resecas y polvorientas rocas de la tierra se extendían ilimitadamente bajo el cielo; y allá donde habían estado los océanos había tan sólo cavernas abiertas en las rocas, tan resecas y vacías como el resto.
El tercer ángel exclamó:
- Señor, la mía es para los ríos y fuentes de agua.
Y luego el cuarto ángel dijo:
- Señor, déjame vaciar la mía.
Y vertió el contenido de su redoma hacia el sol; y en un instante ardió con una terrible radiación: y planeó de un lado para otro dejando caer su luz sobre la tierra. Tras un cierto tiempo vaciló y regresó junto al trono. Y de nuevo se hizo el silencio.
Entonces del trono brotó una voz diciendo:
- Ya basta.
Bajo el amplio domo de los cielos, no volaba ningún pájaro. Ninguna criatura reptaba o se arrastraba sobre la superficie de la tierra; no había ningún árbol, ninguna brizna de hierba.
La voz dijo:
- Este es el día señalado. Descendamos.
Entonces Dios anduvo sobre la tierra, como en los viejos tiempos. Su forma era como una moviente columna de humo. Y tras Él avanzaban los siete ángeles con sus redomas, murmurando. Estaban solos bajo el ciclo gris amarillento.
- Aquellos que están muertos han escapado de nuestra cólera - - dijo el Señor Dios Jehová -. Pero no escaparán al juicio.
El reseco valle en el que se encontraban era el Jardín del Edén, donde el primer hombre y la primera mujer habían recibido un fruto que no debían comer. Al este se hallaba el paso por el que la pareja condenada había sido arrojada al desierto. A una poca distancia hacia el oeste se divisaban las dentadas formas del monte Ararat, donde se había posado el Arca tras el Diluvio purificador.
Y Dios dijo con una gran voz:
- Abramos el libro de la vida; y que los muertos surjan de sus tumbas, y de las profundidades del mar,
Su voz resonó bajo el tenebroso cielo. Y de nuevo las resecas rocas se alzaron y cayeron; pero los muertos no aparecieron. Sólo el polvo se retorció, como si sólo eso quedara de los miles de millones de habitantes de la tierra, vivos y muertos.
El primer ángel sujetaba en los brazos un gran libro abierto. Cuando el silencio se hubo establecido durante un cierto tiempo, cerró el libro, y en su rostro hubo miedo; y el libro se desvaneció de entre sus manos.
Los otros ángeles murmuraban entre sí y suspiraban. Uno dijo:
- Señor, terrible es el sonido del silencio, cuando nuestros oídos deberían estar llenos de lamentaciones.
Y Dios dijo:
- Este es el día señalado. Sin embargo, un día en el cielo son mil años en la tierra. Gabriel, dime, según como cuentan los hombres el tiempo, ¿Cuántos días han transcurrido desde el Día?
El primer ángel abrió un libro y dijo:
- Señor, tal como los hombres cuentan el tiempo, ha pasado un día desde el Día.
Y volviéndose a ellos, Dios dijo:
- Sólo un día: un instante. Y sin embargo no se alzan.
El quinto ángel se humedeció los labios y dijo:
- Señor, ¿No eres Tu acaso Dios? ¿Qué secretos pueden haber para el Hacedor de todas las cosas?
- Paz – Dijo Jehová, y los truenos resonaron hacia el sombrío horizonte -. A su debido tiempo, haré que estas piedras se levanten y hablen. Seguidme, vamos un poco más lejos.
Vagaron por las resecas montañas y por entre los vacíos cañones del mar. Y Dios dijo:
- Miguel, tú estabas encargado de velar sobre esa gente. ¿Cómo fueron sus últimos días?
Hicieron una pausa cerca del fisurado del Vesubio, que en una época de distracción celeste había entrado en erupción dos veces, enterrando vivas a miles de personas.
El segundo ángel respondió:
- Señor, cuando los vi por última vez, estaban preparando una gran guerra.
- Sus iniquidades rebasan todo entendimiento – dijo Jehová -. ¿Cuáles eran las naciones que estaban preparando la guerra?
El segundo ángel respondió:
- Señor, eran llamadas Inglaterra y Rusia y China y América.
- Vayamos entonces a Inglaterra.
Al otro lado del reseco valle que había sido el Canal, la isla era una meseta de piedras, en ruinas y desolada. Por todas partes las rocas estaban cuarteadas y sin vigor. Y Dios se encolerizó más, y gritó fuerte:
- ¡Que las piedras hablen!
Entonces las grises rocas se desmoronaron en polvo, descubriendo cavernas y túneles, como las cámaras de un hormiguero vacío. Y en algunos lugares resplandeció el brillante metal, dispuesto en capas graciosas pero sin ningún diseño, como si el metal se hubiera fundido y hubiera corrido como agua.
Los ángeles murmuraron; pero Dios dijo:
- Esperad. Esto no es todo.
Y ordenó de nuevo:
- ¡Hablad!
Y las piedras se alzaron una vez más, para dejar al descubierto una cámara mucho más profunda. Y en silencio, Dios y los ángeles se inmovilizaron en un círculo en torno al pozo, y se inclinaron hacia delante para ver las formas que se movían allí.
En la pared de aquella profunda cámara, alguien había grabado una hilera de letras. Y cuando la máquina de aquella cámara había sido destruida, el metal incandescente había brotado y había llenado las letras en la pared, de tal modo que ahora brillaban como plata en la oscuridad.
Y Dios leyó las palabras.
NOSOTROS ESTÁBAMOS AQUÍ. ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?


FIN

viernes, 24 de octubre de 2008

NEPHILIM -- HIBRIDOS, ENTRE ANGELES Y HUMANOS

NEPHILIM -- HIBRIDOS, ENTRE ANGELES Y HUMANOS
Nota:Angeles,o demonios,androginos?, o carentes de sexo; segun la tradicion. los angeles carecen de sexo...
En los albores del tiempo hubo un puñado de ángeles renegados que al convivir en la
Tierra junto a los hombres empezaron a tomar como propias las costumbres y deseos de
éstos. Estos seres empíreos otrora concebidos como criaturas andróginas, tomaron
esposas para paliar esa pasión y, fruto de esa unión, fueron concebidos los llamados
nephilim: híbridos entre humanos y ángeles.

Si uno sabe donde buscar, las referencias a ellos en el Pentateuco del Antiguo
Testamento son numerosas, tanto en el Levítico, Números o en el Deuteronomio. Desde
Hércules hasta Sansón muchos son los ejemplos mitológicos de estos engendros, seres
con poderes sobrenaturales sin llegar a ser divinos, ya que también lastraban las
miserias propias de los simples mortales. Se les llamaron de muchas maneras: héroes,
titanes, semidioses, gigantes... Pero el término más común y, a la vez, el menos
relacionado con ellos, es el de vampiros.

Los nephilim o nosferatu, no envejecen según los cánones del ser humano, ya que por
sus venas corre sangre divina. Les repugna el banquete más apetecible para nosotros, ya
que en sus orígenes degustaban los más suculentos manjares del Edén. Ver cualquier
símbolo relacionado con su pasado celestial les produce una insoportable agonía, ya que
les recuerda que jamás volverán a ver el Paraíso. Al no poder nutrirse ni reproducirse
como nosotros, lo hacen por el llamado ritual de la sangre.

El elixir de la vida es lo único que toleran sus mestizos e inhumanos estómagos. No son
criaturas malvadas por naturaleza, pero el éxtasis que les produce la ingesta del flujo
humano a veces les impide parar de alimentarse a tiempo para no quitar la vida a su
presa.

En el mejor de los casos, la víctima con una pesada jaqueca, recuerda el ataque como
un simple sueño que se disipa gota a gota en el estanque de la memoria. Otras veces, el
nosferatu, no es capaz de cesar de cebarse a tiempo y la desventurada víctima perece en
un dulce sueño. Sólo en contadas ocasiones, cuando el nephilim es lo bastante poderoso
como para dominar ese orgasmo guloso y, el ser humano es lo bastante fuerte de cuerpo
y de mente como para sobrevivir, se crea un nuevo ser. Un vástago de no muerto. Un
nuevo maldito. Yo estuve en contacto continuo con una de estas criaturas durante tres
largos años.

El pánico que precedía todo enfrentamiento en el frente siempre lo combatíamos con
bromas, tabaco y coñac. Si había algo en abundancia en esa terrible guerra era tabaco y
coñac. ¿Cuántos soldados enemigos y, en ocasiones de mi propio bando, habré
masacrado sin piedad con mi gatillo borracho?

En la naturaleza, según un filósofo francés toda causa produce un efecto, por lo tanto, la
ingesta desmesurada de líquidos produce el irremisible deseo de mear. No es que me
importara hacerlo dentro de la trinchera, pero el triste valor pasajero que produce el
orujo hizo que un infausto ocaso decidiera acercarme a un bosquecillo cercano para que
me diera un poco el aire.

Dicen que Las Alpujarras es un paraje mágico donde las brujas parían niños
engendrados por el mismo Satanás. Yo creo que es el Infierno.

En el estado lamentable en el que me encontraba debí tropezar y golpearme con una
piedra en al cabeza porque la siguiente escena que recuerdo es mi despertar en la
caverna que me sirvió de hogar hasta más tarde de que acabara la guerra.

No es que desertara, ni que decidiera no tener más contacto con la humanidad, sino que
fui almacenado como perenne fuente de alimentación de un vampiro.

Sólo en profundas pesadillas recuerdo su semblante, supongo que mi subconsciente, en
un intento desesperado de no perder el juicio, ha enterrado su efigie en lo más profundo
de mi ser.

Fueron años de duermevela. Sólo había tres momentos de consciencia para mí, que eran
como mi desayuno, comida y cena.

Por la mañana, mi captor se ocupaba de mi sustento, ya fuera con bayas o frutas
silvestres o con carne cruda de alimañas de la sierra. Por la tarde se alimentaba de mí.

Esto me dejaba en un estado casi de coma del que despertaba siempre a medianoche tan
agotado que lo único que podía hacer era contemplar ensimismado la oscura belleza de
mi carcelero.

En contra de la creencia popular, los vampiros duermen, o al menos, éste lo hacía por
las noches. Reposaba con los ojos abiertos y hablaba bajito, en susurros, de una forma
tan inaudible que, al principio, no me daba cuenta de que estaba hablando.

Todas las noches roncaba lo mismo. Unas palabras sin mucho sentido que se quedaron
marcadas a hierro candente en mi memoria. Fue la única voz que oí durante años hasta
que una mañana mi particular celador no volvió más a la celda.

“Allí estábamos mi amigo y yo encogidos detrás de las cortinas temblando de miedo.
Esperábamos que el monstruo no se diera cuenta de nuestra presencia, se cansara y se
fuera. Estábamos seguros de que pasaría de largo e incluso mi compañero me sonrío con
confianza guiñándome el ojo. Entonces vi sus ojos rojos, sentí un agudo dolor en el
cuello y un frío intenso en el corazón. Desperté con otros ojos, otras manos, otras uñas,
otro pelo, otros dientes... Las cortinas estaban descorridas y mi alma ya no existía. Mi
amigo yacía a mi lado en un charco de sangre con la yugular desgarrada y los ojos
abiertos. Su cara desencajada en una eterna agonía mostraba el terror absoluto. Y me dio
la risa... Me hacía gracia mirarle... Tenía sed y bebí su sangre muerta mientras coágulos
de la misma llovían de mis lagrimales. Lloraba, reía e hipaba en un doloroso frenesí. Mi
vida había cambiado”

Como podéis haber supuesto, ya que el vampiro estuvo libando de mí durante tanto
tiempo y al gozar de una inmejorable salud, debería estar infectado y haberme
convertido en un no muerto. Sólo han pasado cuatro años de aquello y todavía no he
apreciado si estoy envejeciendo de manera normal. De lo que estoy seguro es que
disfruto visitando la catedral de Santiago o paladeando un buen Rioja, y que no he
probado la sangre más que con la morcilla de Burgos.

Pero, ¿quién sabe a ciencia cierta como funciona este proceso de transformación?
¿Cómo estar seguro de que un día no aflore en mí una insaciable sed al contemplar
como mi hija se ha desgarrado la rodilla?

algo para leer