.

..

ºº

.

EN LOS LIMITES DE LA REALIDAD

↑ Grab this Headline Animator

sábado, 14 de agosto de 2010

ESPECIAL : NECRONOMICON : SUMARIO

ESPECIAL : NECRONOMICON : SUMARIO


SUMARIO



Howard Phillips Lovecraft mencionó por vez primera al Necronomicon en el año 1922. La posibilidad de la existencia de lo que se presentaba como auténtica guía al feudo de los muertos suscitó de inmediato un inmenso interés en todo el mundo. Los libreros se vieron asediados por montones de pedidos, mientras que los anticuarios se lanzaron a la búsqueda febril de la misteriosa obra.
A partir de entonces se generó una viva controversia entre los partidarios de S.T. Joshi, de la Miskatonic University, en cuya opinión el Necronomicon no existió jamás. atribuyendo la obra a Lovecraft mismo, y aquellos estudiosos de los conocimientos ocultos que estaban convencidos de la autenticidad del libro de los nombres muertos.
En un texto publicado en 1938 por Wilson H. Shepherd en The Rebel Press, Oakman (Alabama), H.P. Lovecraft resume la historia del Necronomicon. Puntualiza allí que el titulo original era Al Azif, siendo Azif el término utilizado por los árabes para designar el rumor nocturno producido por los insectos y que se suponía era el murmullo de los demonios. La obra fue compuesta por Abdul al-Hazred, un poeta loco de Sana, en el Yemen, que habría vivido en la época de los Omeyas, hacia al año 700 Este poeta visitó las ruinas de Babilonia y los subterráneos secretos de Menfis, y pasó diez años en la soledad del gran desierto que cubre el sur de Arabia, el Rub al Khali o «espacio vacío» de los antiguos y el Dahna o «desierto escarlata» de los árabes modernos. Se dice que este desierto está habitado por espíritus que protegen el mal y por monstruos de muerte. Las personas que dicen haber penetrado en él cuentan que se producen allí cosas extrañas y sobrenaturales. Durante los últimos años de su vida, al-Hazred vivió en Damasco, en donde escribió el Necronomicon, y en donde circularon rumores terribles y contradictorios concernientes a su muerte o a su desaparición, en el año 738. Su biógrafo del siglo XII, Ibn-Khallikan, cuenta que fue asido en pleno día por un monstruo invisible y devorado de forma horrible ante un gran número de testigos aterrados por el miedo. Se cuentan también muchas cosas de su locura. Pretendía haber visto a la famosa Irem, la ciudad de los pilares, y haber hallado bajo las ruinas de cierta ciudad situada en el desierto los anales y los secretos de una raza más antigua que la humanidad. Fue un musulmán poco devoto, adorando entidades desconocidas que llamaba Yog-Sothoth y Cthulhu. En el año 950, el Azif, que había circulado secretamente entre los filósofos contemporáneos, fue traducido al griego por Theodorus Philetas, bajo el título de Necronomicon. Durante un siglo se sucedieron a raíz de este libro una serie de terribles experiencias, por lo que el libro fue prohibido y quemado por el patriarca Miguel. Después ya no se volvió a hablar más que esporádicamente del Necronomicon hasta que en 1228 Olaus Wormius hiciera una traducción latina del mismo, que fue impresa en dos ocasiones, una en el siglo XV, en letras negras, y la otra en el siglo XVII. Ambas ediciones están desprovistas de cualquier mención particular y únicamente puede especularse con la fecha y el lugar de su impresión a partir de su tipografía. La obra, tanto en su versión griega como en la latina, fue prohibida por el papa Gregorio IX en 1232, poco después de ser traducida al latín. La edición árabe original se perdió en la época de Wormius. Hay una vaga alusión a cierta copia secreta localizada en San Francisco a principios de siglo, pero que habría desaparecido con ocasión del gran incendio de 1906. No queda ningún vestigio tampoco de la versión griega, impresa en Italia entre 1500 y 1550, tras el incendio de la biblioteca de un habitante de Salem en 1692. Habría igualmente una traducción preparada por el Dr. Dee, que jamás fue impresa y cuyos fragmentos procederían del manuscrito original. De los textos latinos que aún quedan, uno – del siglo XV – estaría encerrado en el British Museum y el otro – del siglo XVII – en la Bibliothèque Nationale de París. Un ejemplar del siglo XVII se halla en la biblioteca Widener en Harvard y otro en la biblioteca de la universidad Miskatonic en Arkham, en Massachusetts. Existe otro igualmente en la biblioteca de la universidad de Buenos Aires. Existen probablemente numerosos ejemplares secretos más, y un rumor insistente asegura que un ejemplar del siglo XV forma parte de la colección de un célebre multimillonario americano. Otro rumor menos consistente asegura que un ejemplar del siglo XVI en versión griega está en poder de la familia Pickman de Salem. Pero este ejemplar habría desaparecido con el artista R.U. Pickman, en 1926.
Esta es la historia que nos cuenta Lovecraft del Necronomicon. Los estudios más serios realizados sobre esta enigmática obra, tan buscada como desconocida, están recogidos junto con fragmentos originales en este dossier especial, cuya publicación creemos que satisfará a muchos de nuestros lectores.
Salud.
A. Faber-Kaiser

--

ENLACES

INTRODUCCION

CARTA A COLIN WILSON

EL NECRONOMICON: UN COMENTARIO

FRAGMENTOS DEL NECRONOMICON

AL AZIF

EL JOVEN LOVECRAFT

SUEÑOS DE NOMBRES MUERTOS

LOVECRAFT Y SU PAISAJE

miércoles, 9 de junio de 2010

Mein Teil




Mein Teil

-
Armin Meiwes, técnico informático de 42 años, conocido como el caníbal de Rotenburgo, desde la infancia tenía fantasías que giraban en torno al canibalismo. En un foro de Internet puso un anuncio buscando personas dispuestas a ser asesinadas y devoradas, y a este mensaje respondió Bernd-Juergen Brandes, un ingeniero de 43 años, que residía en Berlín, tenía la fantasía contraria, ser comido, entonces viajó al domicilio de Meiwes.

Meiwes, condenado a comienzos de 2004 por la Audiencia Provincial de Kassel sólo a ocho años y medio de cárcel al probarse que su amante accedió a sus antropófagos deseos, “A él también le dio placer” dice de Bernd-Juergen Brandes. Grabó en vídeo todos los detalles del proceso en tres cintas, con una duración de cerca de cuatro horas, pero en principio sus imágenes son prueba judicial y no podrán ser utilizadas.
La filmación del Hannibal Lecter alemán se ha convertido en la snuff-movie más codiciada (snuff-movie: película en la que se tortura y asesina con el único fin de registrar los hechos por algún medio audiovisual). Por eso la Audiencia de Kassel, donde se desarrolla el juicio contra Meiwes, ha rodeado de fuertes medidas el trío de casetes que contiene las escenas que en el mercado negro de los más sádicos pueden alcanzar los 50.000 o 60.000 euros, según los expertos. Todo lo que rodea al caníbal huele a dinero: él mismo ha anunciado que escribirá sus memorias (a las que ya califican como futuro best-seller).
Meiwes, acusado de asesinato con motivación sexual, ha confesado que se comió a su víctima porque le producía satisfacción sexual. ¿Por qué lo grabó todo? Quería (y lo hizo) contemplar repetidas veces el vídeo para, mientras, masturbarse.
Lo que pasa en la habitación más tétrica de las 47 del hogar de Meiwes supera la más despiadada imaginación. Al principio, ambos aparecen fumando y charlando. A las seis y media de la tarde, Meiwes procede a cortar el pene del berlinés, quien se había tomado 20 pastillas para dormir, dos frascos de jarabe y media botella de licor. Ambos cocinan e intentan comerse juntos el órgano amputado, pero tras pasarlo por la sartén e incluso hervirlo (provocó una reducción considerable de tamaño), el miembro es complicado de digerir. Bernd, desangrándose, se marcha a la bañera, perdiendo el conocimiento 10 horas después. Es entonces cuando empieza el descuartizamiento. Con simples cuchillos de cocina, Meiwes empieza a trocearlo. “Movía la cabeza de un lado a otro. Se puede ver un movimiento bucal”, dijo un forense presente en la proyección del vídeo durante el juicio. Un corte en el cuello le provoca la muerte al berlinés, cuyo cadáver, troceado, terminó en el refrigerador de Meiwes. Unos 20 kilos se llegó a comer el antropófago antes de ser descubierto por la policía un año después. Cada vez que masticaba una parte del cuerpo, ha dicho el acusado, era “una especie de comunión”, que regaba, además, con tinto chileno. El acto de devorar a otro ser humano tiene un significado ambivalente. Por un lado es un impulso de amor controlado, y por otro, un acto de aniquilación radical y de asimilación de un poder extremo.
Meiwes demandó a Rammstein por la canción Mein Teil, la cuál esta basada en sus actos, pero dicha demanda fue anulada ya que, finalmente, a Meiwes se le condenó a cadena perpetua.

algo para leer